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jueves, 1 de marzo de 2012

Mis trucos para escribir


Por qué será que cuando más ganas tengo de escribir, más tareas se acumulan en casa. Yo creo que este mundillo de la escritura, sobre todo para los que lo vivimos de forma apasionada, debe percibirse como un vicio o una enfermedad. Y puede que lo sea, pero mucho más sana y creativa que el pasarte el día como un pasmarote delante del televisor, escuchando banalidades y soportando el griterío de la chusma. Y es que hay gente que, en cuanto ve que disfrutas de un buen libro, o escribes en horas en las que tendrías que andar en la cola del burger o gastando en las rebajas, dice que estás “pillá”. Y como yo con esta gente no me meto, no voy a consentir que hagan lo propio conmigo, así es que, acepto sus calificativos de marras y sigo tan tranquila, embebida en mis aficiones, como si me dijeran que al peine le faltan púas.

Lo que sí me enciende es eso de que se acumulen las faenas de casa justo cuando me apetece escribir. De manera que hoy probé un truquillo y funcionó; lo descubrí en una película muy chula, y parece tan fácil que igual a nadie se le ocurriría intentarlo. Me refiero a cantar como Mary Popping mientras arreglo la leonera.

“Con un poco de azúcar esa píldora que os dan,

la píldora que os dan… pasará mejor.

Y si penoso es el hacer, muy fácil puede ser…

(…) Lleva la abeja a su panal

el dulce néctar de la flor,

pero siempre vuela y vuela con tesón.

Y cada gota de elixir, de cada flor,

se guarda al fin.

Y así (así…)

igual (igual…)

alegra el trabajar…”

¡Terminé! He dejado la casa como los chorros del oro (que se dice por aquí). Y ahora, a practicar la otra parte del truco, esa de chasquear los dedos y que todo desaparezca (menos mis libros y mi teclado de escribir historias).