Tengo que decir que me sentí muy bien acompañada; que pasé un ratito entrañable (casi en familia, como yo quería, por eso no lo anuncié por ahí, sino que repartí invitaciones personales a quienes así me lo pidieron). Hubo risas, sorpresas, magia, anécdotas y hasta lágrimas (mi hija Elena no pudo venir y me llamó desde el trabajo, emocionada, para desearme lo mejor).
A todo el mundo le gustó la decoración que hice en la entrada (con césped artificial, caminito de flores e insectos y escobas con lazo). También alabaron los ramos de globos, las pegatinas y guirnaldas de la sala donde nos reunimos (es que venía Aroa y la ocasión era ilustre).
Al final, obsequié a mis invitadas e invitados con un libro (se merecían eso y más); y Aroa repartió unas sorpresitas navideñas.
Aunque la mejor parte me la llevé yo, al contar con la simpatía y la presencia de la Concejala de Educación, Remedios Herrero; con el cariño y la buena predisposición de mi jefe, Francisco Moreno; con la presencia de mis mejores compañeros y compañeras de trabajo; con la ayuda de Toñi (qué buena persona y amiga), y con una entrañable representación de amigos, amigas, vecinos y conocidos. Además de sentirme arropada por mi familia: hijas, hijo, nuera y yerno; y el torbellino de Aroa (que debió intuir que era la protagonista del acto porque no paró de revolotear por todas partes y hacer sus gracias). Y sobre todo, estoy contenta porque he cumplido un sueño.
Gracias en especial a Jesús Majada y a la editorial Caligrama. Y un abrazo de nube para Chu (la ilustradora).
Reparto mi corazón entre todas las personas que me han acompañado en este día tan especial para mí.
Nunca os olvidaré.
Que la magia os acompañe siempre.


