
Cuando entro en el supermercado y busco en las estanterías, me abruman los carteles llamativos: “Dos por uno” “¡Oferta!” “Promoción...”. Como siempre voy con prisas, elijo sin pensar, y confío en llevarme a casa lo mejor.
Hoy, decidí tomarme unos minutos: recorrer los pasillos despacio, analizar lo que necesito, comparar precios... Y fue cuando descubrí el secreto: “Los mejores productos se encuentran en las baldas inferiores; ésas que nos obligan a doblar el lomo y bajar la cabeza”.
Hoy, decidí tomarme unos minutos: recorrer los pasillos despacio, analizar lo que necesito, comparar precios... Y fue cuando descubrí el secreto: “Los mejores productos se encuentran en las baldas inferiores; ésas que nos obligan a doblar el lomo y bajar la cabeza”.