
No es porque esté ahora con el tema de estudio sobre el comportamiento de las personas en grupo, pero hay cosillas que me resultan de lo más curioso. Por ejemplo, la hipocresía. Imagino que uno no es hipócrita por naturaleza, sino que, a veces, somos hipócritas como medio de supervivencia social. Porque, a ver… ¿cómo se ´masca´ eso de que fulanito te caiga como el culo y cuando lo tienes delante te derritas en halagos hacia su persona? Y digo yo ¿qué necesitas de ese tipo para barnizarle tanto? En la mayoría de los casos, nada. ¿Entonces...? ¿Dónde queda lo de ser hipócritas como medio de supervivencia social?... Igual es que nos manejemos mal con aquellas personas que no nos caen bien y por eso preferimos plancharles el traje, antes que lidiar con sus arrugas (pienso).
Recuerdo que, el año pasado, en uno de los temas de la asignatura de “Psicología del Desarrollo” encontré algo curioso sobre el instinto innato de supervivencia en los bebés. Venía a decir, más o menos, que si tenemos dos bebés (mellizos o gemelos), por lo general, la madre presta más atención y cuidados al llorón que al otro. Lo que se traduce en: "Tú apáñatelas como puedas que tu hermano, el pobre, me necesita". Y el que se las apaña se te queda mirando con cara de ´muchacaratieneéste, pero, a ver, nos aguantaremos´. Y aprende a ponerse el chupete sin ayuda, mientras observa cómo su madre se desvive en atenciones hacia el otro.
Con el tiempo, al crecer, pueden ocurrir dos cosas: que el llorón ya no encuentre quien le limpie los mocos y se convierta en una persona frustrada; mientras que el otro, el que no tuvo ayuda, se desenvuelva a las mil maravillas en cualquier medio. O, todo lo contrario: que el llorón arrastre su táctica, le salga bien y tenga el mundo a sus pies; mientras que el autosuficiente se venga abajo ante el poco reconocimiento público. Y ahora, se me ocurre una pregunta: “¿Cómo llevamos eso de que otros usurpen las atenciones y cuidados que nos pertenecen?". Pues mire usted, yo lo llevo estupendamente (aunque no siempre fue así, lo reconozco). Y lo llevo bien, porque he llegado a la conclusión de que “llorar”, como estrategia en la demanda de atención, además de mezquino, resulta muy fácil, y a mí lo que me gusta es superar obstáculos (con ayuda o sin ella).
¿Soberbia?...
No. Supervivencia.
¿Soberbia?...
No. Supervivencia.