
Ya tenemos algunos comienzos...
Muy buenos comienzos. Sí señoras.
Los vamos a dejar reposar, para que le echéis un vistazo de vez en cuando, por si encontráis algo que retocar antes de que yo les pase la lupa.
Neogéminis
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Mar Solana
" (...) Descubrí que la vida sería una mezcla de juego y dolor cuando tenía siete años, una tarde de calor y risas de plazuela… Y lo supe con la claridad del cristal recién lavado, gracias a un bocadillo de pimientos verdes fritos… Placer y malestar se alternaban en la saliva que envolvía cada bocado..."
"La mañana que fusilaron a Paquito 'el bromas', caía agua plomiza del cielo. El intenso calor de una canícula persistente vomitaba una lluvia densa y molesta. Paquito intentó incorporarse, se sentía roto por dentro; el cuerpo le pesaba, era una de aquellas rocas que caían del monte en invierno por las fuertes ventiscas..."
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Cass
"Nunca fue felíz, pero a partir de esa noche, lo sería."
"La aguja indicaba valores anormales. El fuelle del respirador, sonaba metálico y parejo. En esas sábanas inmaculadas, su extrema palidez desdibujaba rasgos tan queridos y familiares. Dolía el alma, con solo mirarla".
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Comienzos...
Me acabo de encontrar con Ricard de
http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/tecni/casa02.htm
Se me ocurre que podríamos inventar el comienzo de un escrito. No importa que no tengamos la historia, ni pensemos escribirla. Queremos SÓLO el comienzo. Y luego, veremos si nos podemos medir con los grandes. Seguro que sí.
Aquí os dejo algunos de esos inicios con los que intentaron atraparnos otros escritores.
¡¡¡Espero el tuyo!!!
1.- Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados (“El amor en los tiempos del cólera” de García Márquez).
4.- Cuando tenía seis o siete años, me raptaron (“El pez dorado” de Jean Marie G. Le Clezio; Premio Nobel de Literatura 2008).
6.- En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales (“El perfume” de Patrick Süskind).
7.- Nos encontrábamos en clase cuando entró el director, seguido de un nuevo alumno con atavío de aldeano y de un bedel cargado con un gran pupitre (“Madame Bovary” de Gustave Flaubert).
8.-Imagínate que tú y yo estuviéramos sentados en una apacible estancia con vistas a un jardín, tomando té y charlando sobre unas cosas que pasaron hace mucho, mucho tiempo, y yo te dijera: “El día que conocí a fulano de tal… fue el mejor día de mi vida y también el peor" (“Memorias de una Geisha” de Arthur Goleen).