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sábado, 16 de octubre de 2010

Mi interacción con los delfines

Gracias Naia, por dejarte acariciar

No pensaba decir que es mi cumpleaños, de verdad. Pero es que, de lo contrario, no os podría contar el sorprendente regalo que me han hecho esta tarde.
Mi hija, que trabaja en un delfinario, me ha llamado al móvil diciendo que acudiera urgente al Parque, que había un regalo para mí; menos mal que está a un par de minutos de casa, porque me fui como estaba: con vaqueros y chanclas.
Ni me lo hubiera imaginado. ¡Alucinante!
Me uní al grupo que hizo la reserva de interacción con los delfines (seis extranjeros, tres españoles y yo) y me dejé llevar... Nos hemos desinfectado las manos y nos han colocado unos enooormes trajes con tirantes y botas incorporadas que, dentro del agua, se pegan y te aprisionan, mientras la parte de arriba se ensancha y te infla. Bajamos la escalinata acuática y nos colocamos en el lateral para recibir instrucciones: junto a los delfines hay que relajarse, actuar con suavidad.
Además de acariciarlos y aprender los movimientos para comunicarnos con ellos, nos han explicado muchas cosas interesantes sobre estos mamíferos. Por ejemplo, nos han hablado de cómo se las ingenian para dormir: parece ser que, de forma alternativa, desactivan una de las dos mitades del cerebro mientras la otra permanece alerta. También se ayudan entre ellos, navegando lento, en parejas, pegados uno al otro, con lo que, uno vigila con el ojo derecho mientras duerme su lado izquierdo, y viceversa.
La forma que tienen los delfines de amamantar a sus crías me ha resultado sorprendente. Las mamas de la hembra del delfín se encuentran en el interior de dos pequeñas hendiduras, como arañazos, en la parte superior del abdomen (la única manera de distinguir el macho de la hembra es precisamente por estas dos minúsculas ranuras). La cría de delfín cuando quiere leche, como no tiene labios, da golpes con el hocico en el vientre de la madre, luego enrolla la lengua para evitar que le entre agua, la introduce en la ranura y succiona. El pene de los delfines macho también se mantiene oculto bajo una hendidura similar, y sólo asoma cuando le resulta oportuno.
Los delfines mantienen un orden jerárquico, fácil de averiguar, según el número de diminutas cicatrices (como pequeños tatuajes) que llevan en la piel. Los más mordidos son los que están en la escala más baja; los jefes a penas tienen marcas.
Los delfines suelen vivir en sociedades de entre 6 y 100 individuos, estableciendo una jerarquía de trabajo en el grupo. Gracias a dicha jerarquía los delfines son animales muy solidarios entre ellos, ya que, mientras unos se encargan de encontrar comida otros se dedican a la protección de la manada. Por este motivo, es muy difícil sorprender a un delfín: gracias a un sistema de silbidos de ultrasonidos, se comunican de forma rápida y eficiente por lo que la manada siempre está alerta. Con respecto a las crias podemos decir que, curiosamente, nacen en el agua y sus madres, junto con otros adultos encargados de la protección de dichas crías, las llevan a la superficie para que puedan empezar a respirar. Las crías de delfín son las grandes protegidas ya que siempre nadan en el centro del grupo por lo que el acceso a ellas es prácticamente imposible lo que les asegura un crecimiento tranquilo. Por eso siempre dedican el tiempo a jugar ya que eso establece fuertes vínculos con el resto de la manada a la vez que desarrollan su musculatura y técnicas de natación.

Mientras los delfines hacían piruetas sobre el agua, la cuidadora me ha pedido que levante la mano y el grupo me ha cantado el cumpleaños feliz. Jo, qué pasada.

Nos hemos despedido de estos curiosos animales de piel extremadamente suave (la mudan varias veces al día) y me he venido a casa como flotando en una nube.
¡Ni me lo esperaba!