Pues oye, te lo pasas bien, porque el chico de los refrescos no le cobra la bebida a los autores que firman libros (me puse ciega de botellines de agua). También te preparan una mesa (la trae el mozalbete fuertote, y te pregunta dónde quieres que la coloque para que firmes bien). “Póngala aquí, al fresquito, por favor”. La gente ojea y hojea y te mira con cara de despiste, como diciendo: ¿Y tú quién eres?... Los niños sí que lo tienen claro, sobre todo buscando a sus héroes y heroínas de televisión; competir con “Dora, la exploradora” fue todo un reto, je, je.
Lo que más gracia me hizo fue ver al señor que firmaba en la caseta de al lado, con los brazos en jarra y el bigote torcido (pilló un mosqueo). Mira que se lo curraba con sus libros “Oiga, no se vaya de
Ahora que, fue una bonita experiencia ver mis libros junto al resto de consagrados y aprendices; oír mi nombre por los altavoces y compartir la mañana con algún que otro amigo que se acercó a saludarme y comprar mi libro (detallazo mayúsculo):
Gracia, a la Librería Lorca, de Arroyo de la Miel.
Gracias a Miguel, el chico de la bici.
Gracias Mariano, el que dicen que se parece a Papá Noël.
Y muchas gracias también a mi jefe, Paco Moreno, que se acordó de que yo estaba en la Feria y se acercó a saludarme.
Confidencial:
1.-Vendí dos libros en una hora (no sé cómo irá la quiniela, porque
2.- Regalé uno de mis libros a una niña, que vi que le gustaba y su mamá se empeñaba en comprarle uno de inglés.
3.-Dejé un ejemplar al señor amable de “Libritos”, una magnífica librería que me recomendó Yolanda, mi librera (jo, qué bien suena eso de “mi librera”).
4.- Me reencontré con una persona encantadora, que vino en bici a todo correr para saludarme y comprar mi libro.
5.- Tomé el solecito. Y me encontré con otros amigos: Valentin Kovatchev y Charo, su mujer; que iban para El Rectorado, donde Valentín exponía su magnífica colección de grabados.
Toda una sorprendente y mágica jornada. Una experiencia única.
¡Qué más se puede pedir!
