martes, 31 de agosto de 2010
El príncipe de las mareas
"...y un día, tu vida cambia para el resto de tu vida..."
Gracias, Mar.
lunes, 30 de agosto de 2010
Descalza
Ayer, estuve con una amiga: una de esas personas con las que sientes que todo está bien, que puedes ser tú, que te comprende y te acepta; además de que, aunque nos veamos poco, siempre está ahí; como la luna. Le comenté que, a veces, la gente hace cosas que me duelen: algo así como si te reventaran el dedo meñique del pie cuando menos te lo esperas. Y con la vida de ajetreo que llevamos, ni siquiera te da tiempo a calibrar el daño: ¡Uy, cómo duele esto…, ya me lo curo luego! Y me voy a regar las flores, a ver si pasa. Y le digo a mi amiga que yo no culpo a nadie; que la única responsable de estos percances soy yo, por dejar los pies al aire donde no debo. Y añado: "mañana mismo me compro unas botas con puntera de hierro". Y ella sonríe y me dice que soy muy rica. Y yo la miro y pienso: “qué bien, que de vez en cuando, una pueda andar descalza sin temor a que te espachurren los pies”.
viernes, 27 de agosto de 2010
Se acabó...

Se acaban las vacaciones y hay que colocarse las pilas: uy, ¿dónde las guardé?...
Organización, es lo primordial. Organización, y una bolsa enorme (necesito desprenderme de todo lo que compré el año pasado y dejar sitio para todo lo que he comprado este año). Ahora que lo pienso, me hace falta un armario más grande, aquí ya no cabe nada… Veamos, apunta, nena: “Comprar un armario nuevo, a ser posible, de ocho puertas”; me apañaría con siete: eso sí, sacrificando algunos vaqueros, las tres chaquetas que pasaron de moda, los ocho vestidos que no me entran, el traje ibicenco (no pienso asistir más a esa fiesta ´pija´ de la playa), la maletita salmón (demasiado pequeña para viajar) y los patines (no sé cómo se me ocurrió comprar unos patines si yo no me sostengo ni en las escaleras metálicas).
En fin, que tengo que activar las pilas y dejarlo todo organizado antes de volver al trabajo. Por cierto, ¿dónde puse el uniforme? ¡Ay! Dios…, ¿a que lo llevé a la tienda solidaria cuando hice la limpieza a principios de agosto?... Si es que toda la culpa la tienen las putas rebajas, el verano y estos armarios de juguete donde no cabe nada.
sábado, 21 de agosto de 2010
¡Lo encontré!

Mordiendo el lápiz...
Se llama Asia, cursa 3º de ESO, y hoy es su cumpleaños (15). Con quince años, yo ya tenía novio; bueno, salía a escondidas con un chico que me daba la mano, y eso ya era tener novio. Recuerdo que se llamaba Prudencio; me regaló un anillo de hojalata precioso (¿dónde andará…?).Asia y yo, nos vemos a diario: una hora, de lunes a viernes. Antes de que llegue, ya tengo preparada la calculadora, los ejercicios y el tema del día: ahora, andamos con las potencias. Asía dice que no le gustan las ´mate´; pero no es cierto. Lo que ocurre es que todavía no aprendió a jugar con los números, hacer piruetas con los exponentes negativos, encontrar valores para la “x”, merendarse los paréntesis y mantener erguida la espalda.
-Tienes que sentarte recta, mirar el problema desde arriba, con elegancia. Tomarte unos minutos antes de buscar la solución; deja que los números te guíen, que te digan lo que quieren. Los números hablan y debemos escucharlos. (Asía me mira, sonríe; mordisquea el lápiz, piensa, suspira..., y vuelve los ojos al cuaderno). Este “2” dice que quiere multiplicar todo lo que hay en el paréntesis (prosigo). El paréntesis dice que, primero, necesita que eleves al cuadrado su contenido. Y el quebrado se queja, porque quiere ser entero (como los demás). Vamos a utilizar las herramientas que tenemos para resolver este ejercicio, y que los números se sientan a gustito. ¿Te parece? Pues venga… Afila el lápiz, que esto está ´chupao´.
Yo no sé si Asia conseguirá aprobar las ´mate´ en septiembre, pero lo que sí intentaremos es que pierda el miedo a los números; que aprenda a escucharlos, a jugar con ellos; que descubra su magia… Los números, si los tratamos bien, siempre nos dan una solución (los números son muy agradecidos...).
jueves, 19 de agosto de 2010
Cuando nadie me ve...

En agosto, a esa hora de la tarde en la que el calor adormece los cuerpos y se pudre todo aquello que no cabe en la nevera, atravieso mi pasillo luminoso sin tocar el suelo. Vuelo, floto, navego…, me subo al techo, me hago la muerta, revivo…, nado… De vez en cuando, asomo mi ojo telescópico y reviso el salón, la cocina, los dormitorios… Si oigo ruido, me pego a las paredes del pasillo y me camuflo de azul; azul piscina, que es como un verde que quiere ser azul. Entonces, ya no existo; o si existo, nadie me ve.
viernes, 13 de agosto de 2010
El ángel urbano

(No, si ya me lo advirtieron, que es meterte en la ducha y sonar el teléfono o el timbre de la puerta… Uy, estas toallas modernas no cubren nada…. ).
¡Vaaa! ¡Ya va…!
-Hola, muy buenas. Perdone que le reciba así, pero es que me ha pillado usted… Ah, bien, bien… Lo siento, era por disculparme. Ya comprendo que tendrá usted prisa… Sí, sí. Arístides de Mendoza. Soy yo, para servirle… ¿Un certificado?... Bien. ¿Dónde tengo que firmar?... Un segundo, je, je. No mire… La toalla, que se me despelota la toalla... Me la anudo aquí, en la cinturilla… (Joder, sí que me lo ponen difícil; o ha mermado el paño o yo engordé) ¿Cómo dice?... Ay, qué torpe. Pues es verdad… Qué despiste... ji, ji .
(Mira que soy ramplón, confundir un paño de cocina con una toalla... Así no me gradúo yo aquí en la Tierra ni en quince lustros…).
jueves, 12 de agosto de 2010
"El origen" (la película)


Compartiendo sueños
domingo, 8 de agosto de 2010
Adagio florentino

Un adagio florentino dice: “La vida es para gozarla”
Hoy es un día normal, sencillito (que no simple). En los días normales es cuando ocurre lo fantástico. Me preparo un zumo de olvido y me doy un baño de humildad. Me he quedado nueva.
-¿Si?... Enseguida bajo.
Voy a comerme una hamburguesa con patatas en uno de esos sitios que huele a refrito. Tocaré el Cielo con los dedos, llenos de pringue vulgar. Voy a pisar cagadas de paloma en el parque (que también trae suerte). Me compraré un helado de limón (con sabor a fresa) y se me llenará de moscas la nariz. Voy a enseñarte mis empastes sin parar de reír. Buscaré un sombrero mejicano, y pintaré un dibujo en el asfalto.... (saltaré dentro; como Mary Popping). También, haré una foto sin glamour y robaré una frase mediocre; hace días que la vengo acechando. La descubrí en la puerta de un establecimiento de comida rápida, y dice así: "El sabor es el King".
Me voy de sabores...
(Igual, quién sabe, hasta me emborracho y me da por volver).
sábado, 7 de agosto de 2010
¡A por todas!...
Yo voy a colocar “la bandera” del Desván en mi blog, para ir creando ambiente.
Oe, oe, oe, oe...
¡A por todas, Felisa!
viernes, 6 de agosto de 2010
Mi carta...
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Carta de Dulcinea a don Quijote (1º premio 2006, Alcazar de San Juan)
El Toboso, 12 de junio de 1606
Mi querido y "casto" Don Quijote:
Es grata la gentileza de vuesa merced al bautizarme con aquesta "Dulzura" y concederme la eternidad como dueña y señora de vuesos sospiros.
De mí dijisteis que cualquier rayo que del sol de mi belleza llegare a vos, alumbraría vuestro entendimiento y fortalecería vuestro corazón, de modo que quedara único y sin igual en la discreción y en la valentía.
También dijisteis que tengo fama de hermosa, y que ninguna cosa desta vida hace más valientes a los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas.
Pues bien, mi emboscado caballero, destas y otras andanzas que turbaron vuestra cabeza hasta convertiros en leyenda, sólo me llegaron palabras ilustradas que no soltaron caldo ni sustancia a la que arrimar mis labios y pujar la panza, ni otra pretensión por vuestra parte que la de utilizarme como escapulario en el pecho mientras yo me batía indefensa contra las verdaderas aspas de aquestos infiernos de los que nunca vinisteis a rescatarme. Vivisteis embaucado en el atino de codiciadas glorias y en la resuelta de otras damas, menos pacientes y más astutas que yo en la demanda de favores, como la llamada Dorotea a la que disteis en su momento cumplida cortesía y concedisteis audiencia, remediando sus males y desdichas mientras os negabais a visitarme con palabrerías y excusas tales como el no haber fecho fazañas dignas de mi gracia.
Por vos aprendí a leer y escribir, a fin de apreciar de vuestro puño y letra palabras que acariciaran mi corazón y refinaran mi entendimiento.
Por vos, seguí una dieta de adelgazamiento consistente en no probar bocado alguno hasta recibir noticias de vuesa merced, que de no ser porque caí en razón de que el resplandor de los caminos os cegaría la frente, me habría quedado más seca que el esparto.
Y, por vos, cumplieron mis ojos con los amaneceres de cada día esperando vuesa visita hasta caer rendidos en la noche escura de la distancia.
Agora a este punto me ha venido a la memoria que a mí tampoco me importa el verme puesta en libros y andar por este mundo de mano en mano, ni que digan de mí todo lo que quisieren, al confesaros en esta carta que mi pretensión iba más allá de haber compartido con vos unas páginas de épica insufrible que me llevará a la tumba con la pureza intacta.
Perdonad si me tomo la licencia
De abusar de mi orgullo despechado
En olvido de hazañas que han costado
De vuestro enfrento incluso la demencia.
Pues en esto tenéis mi reverencia
Y aqueste corazón hipnotizado
Que no por atropello descuidado
Me olvido de cumplida diligencia.
Aquí os remito, noble caballero,
la letra de mis noches malvenidas,
y soneto rimado y bien cumplido.
Que por vos embauqué en gastar dinero
refinando mis carencias desmedidas
con letrados remedios sin sentido.
Agradecida de haberos convertido en el más casto engaño de los caballeros andantes, se despide de vuestro injusto silencio.
Nunca vuestra,
Aldonza Lorenzo.
Carta a un joven escritor
XLSemanal - 27/7/2010
Pues sí, joven colega. Chico o chica. Pensaba en ti mientras tecleaba el artículo de la semana pasada. Recordé tus cartas escritas con amistad y respeto, el manuscrito inédito -quizá demasiado torpe o ingenuo, prematuro en todo caso- que me enviaste alguna vez. Recordé tu solicitud de consejo sobre cómo abordar la escritura. Cómo plantearte una novela seria. Tu justificada ambición de conseguir, algún día, que ese mundo complejo que tienes en la cabeza, hecho de libros leídos, de mirada inteligente, de imaginación y ensueños, se convierta en letra impresa y se multiplique en las vidas de otros, los lectores. Tus lectores.
Vaya por delante que no hay palabras mágicas. No hay truco que abra los escaparates de las librerías. Nada garantiza ver el fruto de tu esfuerzo, esa pasión donde te dejas la piel y la sangre, publicado algún día. Este mundo es así, y tales son las reglas. No hay otra receta que leer, escribir, corregir, tirar folios a la papelera y dedicarle horas, días, meses y años de trabajo duro -Oriana Fallacci me dijo en una ocasión que escribir mata más que las bombas-, sin que tampoco eso garantice nada. Escribir, publicar y que tus novelas sean leídas no depende sólo de eso. Cuenta el talento de cada cual. Y no todos lo tienen: no es lo mismo talento que vocación. Y el adiestramiento. Y la suerte. Hay magníficos escritores con mala suerte, y otros mediocres a quienes sonríe la fortuna. Los que publican en el momento adecuado, y los que no. También ésas son las reglas. Si no las asumes, no te metas. Recuerda algo: las prisas destruyeron a muchos escritores brillantes. Una novela prematura, incluso un éxito prematuro, pueden aniquilarte para siempre. Lo que distingue a un novelista es una mirada propia hacia el mundo y algo que contar sobre ello, así que procura vivir antes. No sólo en los libros o en la barra de un bar, sino afuera, en la vida. Espera a que ésta te deje huellas y cicatrices. A conocer las pasiones que mueven a los seres humanos, los salvan o los pierden. Escribe cuando tengas algo que contar. Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí. Sólo harás algo notable si eres un genio precoz, mas no corras el riesgo. Seguramente no es tu caso.
No seas ingenuo, pretencioso o imbécil: jamás escribas para otros escritores, ni sobre la imposibilidad de escribir una novela. Tampoco para los críticos de los suplementos literarios, ni para los amigos. Ni siquiera para un hipotético público futuro. Hazlo sólo si crees poder escribir el libro que a ti te gustaría leer y que nadie escribió nunca. Confía en tu talento, si lo tienes. Si dudas, empieza por reescribir los libros que amas; pero no imitando ni plagiando, sino a la luz de tu propia vida. Enriqueciéndolos con tu mirada original y única, si la tienes. En cualquier caso, no te enfades con quienes no aprecien tu trabajo; tal vez tus textos sean mediocres o poco originales. Ésas también son las reglas. Decía Robert Louis Stevenson que hay una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y encima pretenden que la gente los lea y pague por ello.
Otra cosa. No pidas consejos. Unos te dirán exactamente lo que creen que deseas escuchar; y a otros, los sinceros, los apartarás de tu lado. Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto sólo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente. No cualquier cosa, sino todo lo que necesitas. Con lápiz para tomar notas, estudiando trucos narrativos -los hay nobles e innobles-, personajes, ambientes, descripciones, estructura, lenguaje. Ve a ello, aunque seas el más arrogante, con rigurosa humildad profesional. Interroga las novelas de los grandes maestros, los clásicos que lo hicieron como nunca podrás hacerlo tú, y saquea en ellos cuanto necesites, sin complejos ni remordimientos. Desde Homero hasta hoy, todos lo hicieron unos con otros. Y los buenos libros están ahí para eso, a disposición del audaz: son legítimo botín de guerra.
Decía Harold Acton que el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra, sacrificando el ego a su oficio, mientras que el aficionado se considera perfecto. Y la palabra oficio no es casual. Aunque pueda haber arte en ello, escribir es sobre todo una dura artesanía. Territorio hostil, agotador, donde la musa, la inspiración, el momento de gloria o como quieras llamarlo, no sirve de nada cuando llega, si es que lo hace, y no te encuentra trabajando.
jueves, 5 de agosto de 2010
La felicidad es de color sandía

El sábado, en Córdoba, la temperatura ambiente superaba los cuarenta grados a la sombra (digan lo que digan, las noticias de las tres).
Mi hermano anunció que pasaríamos el día en casa de su amigo Paco, el mallorquín. Me dijo, que él tenía pocos amigos, pero que sus amigos eran de verdad; y el mallorquín, el mejor.
-Al mallorquín le dices que vas a ir a comer a su casa y ya lo tienes contento: sacrifica al gallo más grande del corral y te guisa un arroz que se te caen las bragas.
Mi hermano me describió tan bien a su amigo el mallorquín que, cuando llegamos, tuve la impresión de que lo conocía desde siempre.
- El mallorquín es un amigo, amigo- prosiguió mi hermano orgulloso. Un amigo de los que no ves todos los días, pero que sabes que siempre está ahí para sacarte unas cervezas y escucharte. Porque el mallorquín es un tío sabio; una de esas personas simples en apariencia, que han sabido sacar partido a la vida. Él dice eso de que, la felicidad es tener buen apetito y mala memoria. ¡Qué tío más grande es el mallorquín…! (y a mi hermano se le llena la boca de admiración; y sigue…).
-¿Recuerdas las aventuras de Astérix y Obélix? Pues, el mallorquín es una copia exacta de Obélix: fuerte de pecho, barrigón y con poco pelo (aunque blanco) que le cae en los hombros; un bohemio. Es bonachón. Y es sabio; aunque no tanto de instrucción como de vivencias. Su oficio era herrero. Ahora no ejerce: cinco muelles en el corazón; que él bromea diciendo que los iban a tirar a la basura y a los médicos se les ocurrió ´endiñárselos´dentro. El mallorquín sabe que ya no puede trabajar el hierro, pero no lo deja. Todas las rejas de su casa las ha hecho él, con sus manitas; pura filigrana de lujo. Imagínate las manos que tiene el mallorquín. Los dedos… Los dedos del mallorquín son un ´muestrariopollas´ (añade mi hermano con esa gracia innata queDioslehadao); lleva un anillo que pesa un quintal. Y es que siempre fue un dandy. ¡Que tío más grande es el mallorquín… !(y sigue).
Y la Mari Carmen… La Mari Carmen es un ´puntazo´: morena, chiquitilla…, puro nervio…, y todo el día guisando... Ella dice que la cocina es su territorio, y que su Paco para lo único que tiene que entrar ahí es para cambiar la bombona; que a ella ya le cuesta andar con peso. El mallorquín se derrite con su mujer, y cada vez que ella le pide que le arregle algo de la casa, él le pega unos pellizcos en la cara y le pregunta: ¿Me enseñarás luego las tetas?... Y la otra da unos manotazos de espantamoscas y añade: “Anda, vete a podar el árbol del porche que nos entre el fresco”.
¡Qué tío más grande es el mallorquín!...
¿Sabes?- añade mi hermano. Un día le fallé. Le fallé a mi amigo el mallorquín. Le fallé y nunca me lo dijo, pero yo sé que le fallé (y mi hermano se pierde un instante en su memoria...).
-¿Qué ocurrió? (pregunto)
-Nada. Venga, vamos. Que seguro que el mallorquín ya tiene preparado el plato de morcilla en el porche y el vino fresquito en la nevera. Ya verás… Todo les parecerá poco. Me ha dicho por teléfono que su mujer se acercó temprano al pueblo para comprar huesos a los perros y que no nos molestaran a la hora de comer.
-¿Tienen perros?
-Cinco; la mitad recogidos de la calle. El mallorquín es un sentimental.
Pues sí, estuvimos en la campiña cordobesa, en casa del mallorquín; el amigo de mi hermano. Nos presentó a sus amigos, Rafi y Rafael, que también estaban invitados (dos personas de corazón grande y risa amplia). Nos bañamos en su piscina y comimos en el porche: arroz con gallo (el mejor del gallinero), morcilla, queso, tomate al ´cachondeo (como le llaman en Córdoba al tomate con alioli y pimienta), patatas, vinito, aceitunas… Y de postre, sandía (que dice Mari Carmen que la encargó el día de antes, para que le guardaran la más grande). Nos bebimos las risas y casi nos atragantamos con el vino. Volvimos a meternos en la piscina; que Mari Carmen le llama su ´alberca´, y nos achicharramos la cara, mientras el mallorquín y su mujer nos contaban cómo se conocieron. Ella dice que le pidió permiso a su padre para irse con una amiga a trabajar de camarera a un hotel de Mallorca; él, un ´pinta´, empeñado en ligar con todas las chicas que venían de la península. “Me gusta la morenita” – le dijo un día el mallorquín a su amigo. Y allá que se la ´cameló´. Porque el mallorquín es un tío gracioso, guapo y con mundo. Y la Mari Carmen se dejó querer, y luego, le puso los puntos sobre las ´íes´: “Si quieres que nos casemos, te tienes que venir a Córdoba a vivir”. Y el mallorquín cerró sus juergas, sus trasnochadas, sus vuelos de seductor…, se agarró a las faldas de Mari Carmen y se vino a pasar calor con su morena cordobesa de ojos moros y bracillos en jarra.
-Bueno, venga, vamos a por el cafelito, que mira como tengo las manos- dice Mari Carmen, mostrando los dedos arrugados del rato que llevamos en el agua. Y allá que nos volvemos a sentar en el porche para seguir hablando de lo divino y de lo humano; pero más de lo humano.
martes, 3 de agosto de 2010
Romance de la noche
preñada por los naranjos.
Qué blanca luna la viste,
qué coronados los astros.
Qué bonita está la noche
cuando se duerme en el patio;
y despierta la guitarra
y enamora los geranios
y los farolillos bañan
en la fuente sus encantos.
Qué bonita está la noche
con su jazmín plateado.
Qué galán no la quisiera
prendida siempre a su brazo.
Qué bonita está la noche,
entre rejas, suspirando.
(El sol se unió a la mañana porque nunca vio la noche).




