El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

viernes, 2 de marzo de 2012

Cuidado con las palabras...

Que te llamen por teléfono para decirte que prescinden de ti en algo, no es que me lleve a arañar las paredes de histeria, ni a sacarme los pelos de rabia, pero, oye, no me ha gustado nada la palabra. Igual porque suena despectiva, o porque significa que has dejado de ser útil para alguien o para algo. Prescindir es pasar por alto y suena a desprecio. Ya sé que las palabras están para usarlas, aunque, diciendo lo mismo, se les puede cambiar el color por otras menos punzantes; no será por la falta de riqueza léxica… El caso es que el servicio del que han prescindido de mí, ya casi no merecía la pena, entre otras cosas porque, con el mismo trabajo, ahora, se cobra la mitad. La crisis, otra palabreja fea que usamos de coletilla a la hora de despachar asuntos como este. Pues eso, que prescinden de mí.

La cuestión es que, desde hace tiempo, formo parte del funcionariado que colabora en las elecciones -ya sean nacionales, autonómicas o municipales- como representante de la Administración; un cargo de bastante responsabilidad, pero que me gustaba. Tampoco es que paguen mucho, en comparación a los días que andas pringada recogiendo y entregando papeleo antes y después de la jornada electoral y al margen de tu labor presencial ese día. Pero bueno, que yo seguía en ello por detalle y porque no se puede estar sólo a las maduras (o sea, cuando sí que pagaban bien). Recuerdo que una vez el presidente de mi mesa se equivocó y en vez de darme la copia del acta de escrutinio, imprescindible en la documentación que yo debía guardar, me dio otra. Y no veas lo mal que lo pasé al día siguiente, buscando la sede abierta de algún partido político donde me facilitaran el dichoso papel. Esto fue cuando la Junta ya pagaba la mitad, de manera que, con el disgusto, se me cogió un tremendo dolor de muelas y terminé gastándome el dinero en el dentista. Por eso digo que ya me había planteado dejar esto, y mire usted por donde, me lo han puesto a güevo. Pero, insisto, no me ha gustado nada la palabra.

En fin, que mientras el prescindir de mí no sea más que en este tipo de cuestiones y no en la parte terrenal y física que ocupo en este mundo, pues mira, acepto pulpo como animal doméstico. Además, y pensándolo bien, igual hasta me quedo con la palabreja de marras y la suelto cada vez que quiera pasar de alguien o de algo. ¿Se imaginan?: Lo siento, pero, en estos momentos, van a tener que prescindir de mí.

2 comentarios:

Juji dijo...

Me gustaría prescindir de pasearme por las nubes, pero... ¡Que va! :) Me encanta y es imprescindible ya para mi. Bromas a parte y si me lo permites: ¡que les den! seguro que al final, es lo mejor para ti, como bien dices.

Un fuerte abrazo

Paseos por el alambre dijo...

Gracias, Juji, eres muy amable.
Y a mí me encanta encontrarte por aquí.
Besos de piruleta con paraguas (está empezando a llover y me tengo que ir al trabajo, je, je).