El dios de las pequeñas cosas

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martes, 19 de febrero de 2013

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery


No suelo escribir reseñas de libros, aunque ésta va para mi compañera de trabajo: Teresa, que ayer me preguntó por algún libro bueno. No sé si éste es bueno o no, la verdad es que las historias tienen que coincidir con nuestro momento y de esa forma se convierten en magníficas. A mí, ésta me encantó.
Va para ti, Teresa.
 

Título: La elegancia del erizo
Autora: Muriel Barbery
Editorial: Seix Barral
Páginas: 367
ISBN: 978-84-322-5118-4


Yo creo que de un buen libro hay que salir como de la culminación de un acto de amor: cansado, feliz, desorientado y sin ganas de recomponer la realidad. Y todo ello aderezado con un suave regustillo en el que flotas durante un tiempo.
Pues bien, con respecto a La elegancia del erizo os diré que me acerqué a él de una manera ingenua: ¿la historia de dos almas gemelas predestinadas a encontrarse?... ¡Qué interesante!
El libro me lo había recomendado un amigo. Me dijo el título y me pareció una bella combinación de palabras. Y ocurrió que, unos días después, lo encontré en el escaparate de una de las librerías del centro. Me llamó la atención la imagen de portada, parecía la invitación de una niña pizpireta a visitar un París rosa bombón. Ni mucho menos. Y he aquí que, ni por asomo podía yo imaginar lo que se entretejía al otro lado.

Mi impresión fue que Muriel Barbery, la autora, quería escribir un libro sobre filosofía, buscó unos personajes, una buena historia y nos lo hizo ameno.
Yo, la verdad, no recomendaría este libro a cualquiera; quiero decir que te tiene que gustar mucho la filosofía para disfrutarlo a tope.

Por mi parte:
pedazo de historia - pedazo de personajes - pedazo de autora

Pero bueno, vayamos por partes, como dijo Jack, el Destripador.
Por un lado, tenemos a Renée, la portera de un bloque de pisos que se define a sí misma como cincuentona, bajita, rechoncha y fea, a la que, además, le huele el aliento por las mañanas y tiene callos en los pies. A juzgar por el desajuste de su apariencia, y esa especie de abandono existencial que le sirve de coraza, nadie diría que la portera esconde un insigne secreto. Por otro lado, está Paloma, una cerebrito de doce años, cuya rareza estriba en cuestionarse todo lo que ocurre a su alrededor y emitir juicios filosóficos que desconciertan a la gente; incluía su familia (madre, padre y la hermana: Colombe; para los que Paloma representa poco menos que un incómodo grano en el culo; de ahí que la niña, ya en las primeras páginas, decida suicidarse.
Con respecto a la forma, destacar un recurso acertadísimo que utiliza la autora en el difícil manejo de dos narradoras independientes a las que vamos conociendo por separado. Se trata de la enumeración del llamado diario del movimiento del mundo o las ideas profundas, términos que aparecen al inicio de los capítulos que pertenecen exclusivamente a Paloma. Mientras que, cuando es Renée la que habla, el capítulo viene precedido de un simple titular. Y como no podía ser de otra forma, quien se encarga de unir estas dos almas  idénticas será el destino: hado, o fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos. Y es cuando aparece Kakuro, japonés, rico y enigmático, fascinado por el descubrimiento de estas dos mujeres, una especie de arpas arrinconadas.
En conjunto, tanto la niña como la portera me han parecido dos personajes soberbios: auténticas, inteligentes y sensibles. Dos almas embaucadas en la búsqueda de los valores más profundos del Ser. Dos ejemplares únicos, raros y fascinantes, como los números primos, los tréboles de cuatro hojas o como cisnes en un mundo de patos.

A la autora, Muriel Barbery, no la conocía, por lo que he tenido que buscar información sobre ella. Su biografía dice que nació en Casablanca, 1969, y que, hasta su inminente consagración como escritora, daba clases de filosofía en Bayeux, ciudad de la baja Normandía de apenas 15 mil habitantes. Muriel se define a sí misma como una tímida empedernida, amante de la cultura japonesa; país al que se ha trasladado con su marido, Stéphane, abrumada por el éxito de este libro (más de un millón de ejemplares vendidos). Descubrí que ésta no es su primera novela, ya que en el año 2000 se publicó “Una golosina”, con una impecable acogida por parte del público lector, pero que, ni mucho menos, se acerca a la sublimación que ha cosechado con “La elegancia del erizo”. Al parecer, fue su editor quien le propuso el reto al comentarle que ya que era escritor podría conseguir que una simple portera de bloque escondiera un insigne pozo de sabiduría. Y así nació la historia.
Contemplando algunas de sus fotografías, Muriel Barbery me recuerda a una de esas flores de loto que nacen de entre el barro, pura y perfecta, para abrirse al mundo con la misteriosa y humilde candidez con la que brotan los milagros.

Añadir que, al terminar de leer La elegancia del erizo, no pude por menos que sostenerlo un momento entre mis manos y dejar que los personajes ondulasen como espectros a mi alrededor. Soplé las velas que acompañan mis lecturas nocturnas y deposité el ejemplar en la estantería, convencida de que Kakuro, Paloma y Renée viven en el interior de mucha gente a la que quiero descubrir.

¿Quién cree poder hacer miel sin compartir el destino de las abejas?
(“Idea profunda nº 13”. La elegancia del erizo).

Mercedes Alfaya.

2 comentarios:

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
ecos
de
la
tarde
callada
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


COMPARTIENDO ILUSION
MARTIN

CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...




ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE MASTER AND COMMANDER, LEYENDAS DE PASIÓN, BAILANDO CON LOBOS, THE ARTIST, TITANIC SIÉNTEME DE CRIADAS Y SEÑORAS, ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA, JEAN EYRE, TOQUE DE CANELA, STAR WARS,

José
Ramón...

Germán dijo...

=)

"Yo creo que de un buen libro hay que salir como de la culminación de un acto de amor: cansado, feliz, desorientado y sin ganas de recomponer la realidad. Y todo ello aderezado con un suave regustillo en el que flotas durante un tiempo."

Hermosa descripción....