El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

sábado, 2 de diciembre de 2017

Moverse en automático



Llevo algunos años que no siento la navidad; algo que me parece ficticio, un teatro, una farsa.

Por imposición, hay que celebrar unas fechas que ni siquiera concuerdan con la verdad (Jesús no nació el 24 de diciembre). Las familias se reúnen en torno a una mesa donde a veces muchos de sus miembros ni se aguantan. La movilidad, el gasto y el derroche se multiplican, los mercados se desbordan y la gente se lanza a comprar y consumir de una manera frenética. A mí no me importa lo que hagan o deshagan los demás, pero yo he decidido ser coherente conmigo misma: quiero decir que lo que pienso, lo que siento y lo que hago debe concordar para que mi cuerpo no se resienta ante el caos que desencadena la falta de equilibrio entre las partes.

Conozco personas que enferman por estas fechas debido a que no saben cómo manejar algunas situaciones que plantea el tener que reunir a la familia con la falta de espacio, dinero o motivación. Y si hablamos de los adornos navideños…, la tienda de abajo ya flanqueó la entrada con los arbolitos del año pasado cargados de bolas, guirnaldas y luces, todo colocado de forma automática, sin imaginación ni esmero. Si llegara un extraterrestre y preguntara para qué los arbolitos con adornos, imagino que la respuesta sería esta: Es navidad. Y ese "Es navidad" lo justificaría todo. Así nos volvemos más entrañables, emotivos, más gastosos, más glotones, más falsos, más ciegos, más hipócritas… Echamos de menos a los que ya no están con mucho más empeño que en otros momentos y, como es sabido, recurrimos a la rueda del consumismo con la intención de alimentar carencias y socorrer nostalgias. Porque, a ver, si de verdad te apetece reunir a la familia, traer de León a la tía Matilde (que no hay quien la aguante) y almorzar todos juntos una noche, repartir regalos, brindar, incluso tener presente a Jesús, a Buda o a tu ídolo de adoración predilecto, ¿necesitas esperar a que te digan cuándo hacerlo?..., ¿necesitas que los precios se disparen, las calles se iluminen, las tiendas modifiquen sus horarios, los mercados se colapsen y los rótulos parpadeen anunciando el “pistoletazo de salida”: ¡¡¡Es navidad!!!

Bueno, no sé si mi familia comprenderá que yo no voy a continuar con esta farsa ni voy a celebrar las fiestas, con lo que habrá que trasladar el escenario a otra parte si ellos quieren seguir con esto. Lo que sí espero es que lo respeten, como yo respetaré a todo aquel que decida moverse en automático.

Mercedes Alfaya.


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