El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

domingo, 14 de febrero de 2016

Gente en el rellano

Me ha dicho un amigo que esto de que aparque mi blog le parece un sacrilegio (palabra que, si no recuerdo mal, tiene algo que ver con un pecado gordo...). Véase: Sacrilegio: “Lesión o profanación de cosa, persona o lugar sagrado”. Pues, no sé yo… Igual, lo de lugar sagrado sí que lo entiendo. Porque, a ver, ¿qué se supone que es un blog?... ¡Ay!, ahora mismo no tengo las neuronas para disertaciones ¿Lo dejamos en: templo para el culto personal donde se aceptan donaciones dialécticas?...

  El caso es que le he dicho a mi amigo que, en realidad, lo que ocurre es que a  no me 
va eso de: 
Lunes: Quería contaros que me he comprado un sofá… 
Martes: Me avisaron de la tienda diciendo que hoy me traerían el sofá… 
Miércoles: Estoy muy disgustada; el sofá que compré no entraba por la puerta del comedor…
Y dice él (mi amigo) que esto es lo mismo que cuando yo escribo, por ejemplo: 
Hoy pisé una  mierda de perro y me inspiró este poema; y añado el poema a mi blog 
(y además, gusta).
Igual pensaba dejar esto del blog porque me valoro poco, o porque, en realidad, empiezo a opinar como Oscar Wilde, cuando dice: 
"Un verdadero artista prescinde totalmente del público" (jo, ¿a que voy a contagiarme de esa vanidad que tanto odio?).

También ocurre que una anda algo sensibilera, que no sé si existe la palabra; voy a ver… (…). Pues no. Dice la RAE en su vigésima segunda edición: “La palabra Sensibilera no está en el diccionario”. Anda, pues sí que me valoro poco, porque inventar palabras que se le escapen a la RAE, es toda una proeza, ¿o no?... En fin, a lo que iba…, que ya no me acuerdo. Es igual…
Lo que yo quisiera saber es por qué engancha tanto esto de los blogs. Fácil… (vuelve a decir mi amigo): Cuando añades una entrada nueva (la que sea; da igual que te la hayas currado o que la copies de Google, enseguida acude gente a pellizcarte: «¡Ay! Lo que vales, nena». Y se nos derrite el ego, como cuando éramos niños; etapa en la que tanto daba que te montaras una torre con alfileres de la ropa como que te hurgaras la nariz hasta el fondo, todo eran carantoñas y achuchones. Y claro, ahora, como no nos miman, pues:«¡Me voy a mi blog, que ahí sí que me quieren!»: ¡Plaf! ¡plaf! ¡plaf!... Añades tu entrada y a esperar.
        
       Tic-tac, tic-tac…

después de, por lo menos ¡¡dos minutos!! ¡Bingo! Gente en el rellano.



5 comentarios:

angélica beatriz dijo...

Besos querida Mercedes :-)

Paseo por las nubes dijo...

Muchas gracias por estar ahí. Besos para tb para ti.

Águeda Conesa Alcaraz dijo...

Me ha gustado mucho tu post. No sé si el tener un blog es una especie de reflejo de cómo es uno mismo. Yo escribo en mi blog, porque me encanta escribir así de sencillo. Mi escritura podrá gustar más o menos blogueros, lo único que pretendo es divertirme yo misma al escribir y comentar en otros lugares. Siempre atiendo y respondo a todos los comentarios, sean felicitaciones o críticas. Tan sólo se exige educación y respeto por el tema que trate. Un beso

Mar Solana dijo...

Aunque no hago mucho acto de presencia por las escaleras (virtuales), ¡me encanta asomarme de vez en cuando a tu rellano! Un beso de los grandes. :)

Paseo por las nubes dijo...

Águeda, yo creo que sí, que el blog refleja algo de lo que somos, como todo lo que nos rodea, como la forma de vestir, los colores que usamos y los libros que leemos. Muchas gracias por asomar por aquí. Besos bloggeros (o como se diga).

Mar, guapísima. No te preocupes, yo tampoco paseo mucho por ahí, pero los lazos no se rompen y da alegría encontrarnos. Pasaré por tu casa-blog a tomar una infusión y charlar un día de estos.
Besos en el rellano.