El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

martes, 5 de enero de 2016

¿Quieres la corona?...

  “La verdad está en los números, pero el secreto, en las palabras” (Alberto Soler, poeta)
                                                     



      Estamos a seis de enero (los números del uno al diez van con letra). Me he despertado a las ocho; total, yo ya no creo en los reyes magos (por eso los escribo con minúscula). 
     Al entrar en la cocina, me encuentro una caja que dice: “Roscón de Reyes”. Bueno, los dulces sí que me gustan y no suelo mirar quién los deja en la encimera. Abro la caja y extraigo una cartulina pequeña. Leo: “FELIZ ROSCÓN DE REYES”. 
       
    Sigo leyendo: «He aquí el Roscón de Reyes tradicional de un banquete en el cual hay dos sorpresas para los que tengan suerte. En él hay, muy bien ocultas, una haba y una figura; el que lo vaya a cortar hágalo sin travesura. Quien en la boca se encuentre una cosa un tanto dura, a lo pero es el haba o a la mejor la figura. Si es el haba lo encontrado, este postre pagarás, mas si ello es la figura, coronado y Rey serás». 

  Vaya tontería… Aunque el roscón tiene muy buena pinta. Me he cortado un trozo (dos). 
    —¡Aggggg! ¿Qué es esto?... 
  Le quito la nata y enjuago la bolsita. ¿Un coche de carreras en miniatura?... Bah... Lo he dejado en el fregadero. En la caja también viene una corona dorada; pero es de cartón; de cartón, cartón (como los malos cuentos). Me la he colocado en la cabeza, sólo para reírme. Nadie se convierte en rey o reina por llevar corona (y menos de cartón).
       He apurado el café con leche, y ahí dejé el dulce con su corona dentro; y la haba. Cuando se levante la familia, eso es lo que queda, la haba. La verdad es que el día de reyes no tiene ningún aliciente para mí, se me cayeron los castillos cuando descubrí que no existían, por eso, me he pasado a Papá Nöel, mucho menos mágico, pero más sincero; además te trae los regalos antes; y vienen con nombre. Por ejemplo: “de… José Manuel — para… mamá”. 
      Bueno, a media mañana no quedará roscón de reyes, aunque el coche de carreras sorpresa, al final, me lo quedo (es muy chulo). 
      Y digo yo..., con la corona de cartón ¿qué hago?...

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