El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

sábado, 25 de septiembre de 2010

Las tejedoras de cristal


Ayer (por una de esas casualidades de la vida en las que yo no creo) me ocurrió algo fantástico. Yo tenía que cerrar y conectar las alarmas del taller de pintura: un recinto espacioso y armónico, con grandes columnas y ventanales, salpicado de caballetes y lienzos (la mayoría a medio terminar). Ya no quedaba nadie. Antes de apagar las luces, me llamó la atención una pintura: "Las tejedoras". Me acerqué sigilosa y la contemplé un instante. De pronto, advertí un susurro, un aliento demasiado próximo, una presencia a mi espalda. Ni me moví.
¿Estás preparada para oírlo?
Apreté los labios y cerré los ojos. Entonces, como una melodía cálida y envolvente, aquella voz se adueñó de mi conciencia y me atrapó.

Me habló de las tejedoras de cristal, de los Garou, de los hombres lobo y los vampiros. De una especie de guerra por la supremacía cosmica. Me dijo que entre nosotros (ahora con más presencia que nunca) existen seres, entes, procedentes de otros planos de la existencia. Y que unos (los malos) se nutren del sufrimiento y la maldad que rodea al hombre; es por ello que necesitan producir esto en cantidades ingentes. Por otro lado, están las tejedoras de cristal, seres encargados de velar por los canales (respiraderos limpios) que conectan de forma holista al ser humano con sus semejantes y con el TODO. La lucha entre las tejedoras y los malos (toda buena historia que se precie cuenta con ellos) es mordaz; sobre todo, porque en un momento de la evolución (los malos) consiguieron desconectarnos tres cables neuronales importantes; uno con el que incluso manteníamos comunicación telepática. Este hecho enfureció a los Moradores del Cristal que decidieron instalarse entre nosotros para ayudarnos. Pero como los malos son muy malos, a veces, se camuflan entre el rebaño, y es cuando encontramos lobos con apariencia de oveja agazapados en la manada. Por eso, de forma incomprensible, al menor descuido, alguien se nos tira al cuello y nos desangra.
Comprendí entonces que, cada día, bajo la aparente superficialidad del Mundo, las fuerzas del Bien y del Mal mantienen una lucha encarnizada, donde el bocado a conquistar somos nosotros, pobres marionetas que, como hormigas, atravesamos el caminito de los días sin saber en qué momento nos aplastará un dedo repugnante y enorme. Aunque, por lo general, las tejedoras de cristal, que son más inteligentes y hacendosas, casi siempre consiguen llegar a tiempo y preservar nuestro agujero de los predadores.

Cuando la voz cesó, abrí los ojos, y como si recuperara la conciencia absorta en un pequeño trance, respiré hondo y me volví; allí no había nadie.
Sin embargo, en el sitio donde hacía un momento descansaba el lienzo con la imagen de las tejedoras, encontré unos zapatitos de cristal y un letrero:
“La imaginación es uno de los canales que utilizan las tejedoras de cristal para limpiar y restaurar nuestro mundo interior”.

No sé qué pensar. No sé qué decir. No lo he hablado con nadie.

11 comentarios:

Mercedes Ridocci dijo...

Tus relatos están llenos de magia que me transportan a un mundo bueno, amable, tierno, no se...Tienes la capacidad de contar los peor del mundo con las palabras del que cree en la victoria de los buenos sentimientos.

Un abrazo fuerte

maria jose moreno dijo...

Que te susurre el cuadro ya es para pensárselo ...jajaja pero que te diga una verdad tan grande, es lo mejor. El bien y el mal, siempre en batalla. ¿Quien ganará?
besitos

Paseo por las nubes dijo...

Si somos capaces de esperar hasta el final de la película, comprobaremos que los malos nunca ganan.
Mientras, os dejo palomitas.

Besos para ti, Mercedes (de victoria a victoria).
Besos (entre verdades) para ti, María José.

Ardilla Roja dijo...

Ni lo dudes, Merce. La imaginacíón, ya sea la propia o la de otros, es la mejor herramienta para limpiar todo lo que afea nuestro entorno.

Eres una tejedora de cristal como hay pocas. Es una suerte estar cerca de ti desde tan lejos, por cierto esa frase de la cabecera es genial.

Un abrazo

De cenizas dijo...

Si es así, estamos en el buen camino...


besos

Mar dijo...

Merce, tu texto me encantó.
Por supuesto Merce, la imaginación nos ayuda a limpiar y limpiarnos. Desde que he vuelto a escribir (hacía muchísimos años que lo había dejado) me siento muchísimo mejor. Me ayuda e explicarme el por qué de muchas cosas, a canalizar sentimientos que detesto, a ponerme en orden... Leernos también nos ayuda, como te viene a decir Ardilla.
No dudes en calzarte esos preciosos zapatitos de cristal.

mar dijo...

Hola Mercedes.
Que valor el tuyo! yo hubiera salido corriendo en cuanto notara el primer susurro junto a mi, y claro por eso me pierdo la magia que te acompaña a ti en cada relato que escribes.
Sigue poniendote esos preciosos zapatos de crital que te sientan de miedo
Un beso de Mar

Paseo por las nubes dijo...

Holaaaaa. Acabo de llegar de viaje: estuve probando mis zapatos de cristal por esos mundos de Dios. En cuanto me de una ducha y aterrice en mis chanclas de andar por casa, contesto a vuestros mensajes cariños y mágicos.
besotes con prisa (entro a trabajar dentro de un rato).
Volveré.

Ave Mundi Luminar dijo...

Que delicia de relato.. Deberías seguir tirando de la cuerda, y es que me he quedado con ganas de saber más... mucho más...

Precioso el final, aunque profundamente triste en cierta forma, porque significaría que nosotros, pobres marionetas, ni tan siquiera somos dueños de nuestros sueños...

Gracias mil por el buen micro-rato de lectura.

tag dijo...

Pues conserva esos zapatitos de cristal, para que te prevengan de los lobos disfrazados de corderitos, y cuando los descubras, zas, taconazo en... donde más duele, jajajaja.

Que agresiva estoy ¿te das cuenta?
Debe ser el otoño.

Un relato divino.
Con la imaginación que a ti nunca te falta y a nosotros no haces soñar y pensar.

Un besito

Vivi dijo...

Hola Merce!!!!fantasía y magia en el relato, bello!!! leí el cuento de las letras y el de las adivinanzas han quedado fascinados.
Besos alados ah!!!estas estudiando psicología?