El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

domingo, 26 de junio de 2016

Una empresa fantasma

   
                                                                     

      Pues, no lo había pensado, pero es verdad... ¿Quién dice que mi amigo no tenga razón? Y es que le conté que, después de muchos años, por fin, había encontrado trabajo. Pagan regular, pero, bueno... Lo único que tengo que hacer es repartir sobres. La empresa me los deja en una taquilla, dentro de unas bolsas negras, y yo solo tengo que mirar el nombre del remitente y el domicilio. Los ordeno por sectores para que me cunda más, y listo. 

     La verdad es que no sé lo que contienen esos pliegos de papel doblados en forma de cartas, ni me importa. Mi abuelo decía que lo único que cuenta en la vida es hacer bien tu trabajo, y nada más. El caso es que, como digo, se lo he contado a mi amigo. Pero, claro, cuando no sabes a qué se dedica la empresa donde trabajas ni quienes son tus jefes, te puedes encontrar con que tu amigo te haga la pregunta del millón: 
       -¿Y si estuvieras trabajando para la Masonería?
       -¿La Maso... qué?...
      Y mi amigo se rasca la oreja y silba como diciendo, ten cuidado, chaval.

      Ya en casa, estuve buscando información sobre la palabreja, que sí que me sonaba, pero de la que no sabía nada. La verdad, encontré un secretismo extraño en todo eso, pues, nada de lo que decía Google me aclaró gran cosa.

     Aquella noche no dormí. Soñé con los masones, con el cucus clan, con el infierno y con las ánimas benditas del purgatorio. Por la mañana, hablé con mi mujer. Se puso amarilla. 
      -Carlos, mira que prefiero fregar escaleras a que te metas en líos -dijo.
   
      Pero, a mi no me engaña.¿Quién me dice a mí que mi mujer no esté metida en eso de los masones? (hace tiempo que no me cuenta lo que hace fuera de casa). Además, otra página que consulté, decía que esa gente jamás revela su identidad a nadie que no pertenezca a la organización. ¿Y mi amigo? ¿También es del gremio?; la verdad es que siempre fue un rarito de narices. ¡Ay, madre! ¿A que, además, mi mujer y él  van a estar liados y lo que quieren es volverme loco y quedarse con la casa, con el coche y con el perro? Uff, Si está muy claro. Es más, cuando le hablé a mi amigo del trabajo, no se interesó ni por el horario ni por el sueldo ni nada de nada. Solo me largó la palabra, así, del tirón, para que no me diera tiempo ni a pensar.
       Mira que los veo de venir... (bueno, el "de" sobra, pero como soy malagueño...). Quita, quita, que mañana mismo me despido del trabajo ese y me voy a las Bahamas. Además, pienso mandarles una carta desde allí, diciéndole a mi amigo y a mi mujer que me no me busquen, que me convertí en fantasma, como mi empresa; o que me secuestraron los masones, a ver si lo pillan. 
     

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