El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Huele a chicle...


Desde que aparecieron los multicines, los domingos por la tarde han perdido su encanto.

Antes, el domingo era un día especial; sobre todo si llovía. Además, los cines olían a domingo y los domingos, a cine. Cada barrio tenía el suyo, y las paredes estaban forradas de terciopelo. Había alfombras, acomodador y ambigú... Y, por dos duros, te sentías como en Hollywood.
Después de comer, bajabas con tu rebeca en el brazo y -como no había móviles, y sólo tenía teléfono la vecina- llamabas a tu amiga a voces, desde la calle: “¡Pili! Que me voy a por las entradas”. Y ella se asomaba a la ventana con la cabeza llena de rulos y te decía que, vale. 

La gente guardaba cola hasta que abrían la taquilla, y podías colar a tu primo, a tu hermano, a tus tíos los del pueblo...; a quien quisieras, que nadie protestaba. A la hora en punto, se abría la ventanilla y allí estaba doña Consuelo, con sus pestañas de abanico, su moño de laca y su pañuelo de flores; como una reliquia. Además, nos conocía a todos, y le podías pedir sitio (con guiñe o con lágrimas): Doña Consuelo, dos en la fila de atrás (si ibas con el novio) o, una en medio (si te habías pelado con él). Y ella, doña Consuelo, arrancaba  la entrada sin estropearse las uñas -recién pintadas- brillantes y naturales; sobre todo naturales (que ya poco queda de eso).
Además, la sala era enoooorme. Y te encontrabas allí con medio barrio...
Mari, corre, vente aquí, que hay una butaca libre.
Y nunca te sentías sola: Tú, el barrio y tu Bazoka (que se estira y explota); eso sí que era un chicle y no los de ahora.
Claro que lo que más me gustaba era cuando sonaba el timbre del descanso. Se encendían las luces y todo el mundo a la barra del fondo, a por bebida y chucherías. Y allí te encontrabas con otra gente que no habías visto al entrar, y te daba mucha alegría. Y escuchabas a tu amiga:
¡Mari, trae regaliz!
Y se enteraba todo el cine de que la Mari estaba en el ambigú comprando regaliz. Y sonaba el timbre de ´fin de descanso´ justo cuando el tío del mostrador todavía no te había dado la vuelta del dinero: ¡Joder!...


En fin que, el domingo que viene, igual me voy al cine. Claro que ahora las salas te pillan en el quinto infierno. Además, ya no hay descansos, ni alfombras, ni ambigú... Tampoco está tu amiga Pili, ni los cines huelen a barrio. ¿O era el chicle…?

6 comentarios:

Celia dijo...

Amiguita:
Te envío mis deseos de Una Feliz Navidad.
Y ¿¿¿¿????? ha dado señales de vida?.
Besinos

Paseo por las nubes dijo...

Hola, Celia.
Felices Fiestas y buenos deseos para ti.
¿¿¿??? Sin novedad en el frente.

Besiños, mil

Neogéminis dijo...

Ha sido un placer enorme compartir tu olor a chicle y tu recuerdo!
=)

Gloria dijo...

He ido al cine de mi barrio contigo y lo del chicle Bazoka ¡era mi preferido! con ese color rosa intenso y ese sabor que a mi madre la revolvía jajajja.
Ya no queda nada auténtico, nuestro, todo se ha convertido en meras copias del costumbrismo ameriacano.

Miguel Rojo dijo...

Me siento totalmente identificado.¡Cuántos recuerdos me trae! Aprovecho para desearte todo lo mejor en estos días y espero que los disfrutes con la gente que quieres y te quieren. Un beso y un abrazo muy fuerte.

Paseo por las nubes dijo...

Neo, el placer es mío al recibirte.
Felices Fiestas. Besotes "transoceánicos"

Gloria, la verdad es que todo avanza y se transforma. El chicle era genial pero tenía de azúcarrrrrrrrr, je, je.
Muchos besos, guapa. Y Felices Fiestas.

Miguel, muchas gracias por tus deseos. La verdad es que se han cumplido muchos de mis sueños, entre ellos, pasar las fiestas en compañía de los míos. Yo también te deseo lo mejor.
Felices Fiestas, Miguel.
Besos.