El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

jueves, 22 de marzo de 2012

Y tenía corazón...


Anatomía del Corazón ("Y tenía corazón")

Óleo sobre lienzo; Museo de Bellas Artes.

Málaga. España.

Enrique Simonet (1863-1927)

Por una de esas casualidades de la vida (en las que yo no creo) ha llegado a mis manos esta lámina tan curiosa. En ella aparece una joven prostituta muerta y un médico que practica una autopsia y que parece sorprendido ante el hallazgo de un corazón; un buen corazón, escondido en ese cuerpo al que la difunta no debió conceder una vida plena.

Y esto me ha servido para contar algo:

A menudo, como un pasatiempo, tomo una persona (cualquiera puede ser candidato a mi cirugía particular), le saco el corazón y lo analizo. Lo aíslo de su entorno, lo envuelvo en mis manos, lo coloco frente a mis ojos y lo desnudo; lo desnudo con los dedos limpios, sin invadir su intimidad. Busco roturas, huellas, cicatrices que hablen del pasado, de sus tropiezos, sus quistes; del amargor solitario en su latir…. A veces, me topo con sus frustraciones, sus miedos (solapados entre pespuntes arrogantes y brillos deshilachados). Y es cuando comprendo las grietas subterráneas de esa impecable fachada que lo envuelve; es cuando comprendo... (repito). Entonces, me acerco el corazón a los labios y lo beso: “No sufras, no es contigo con quien se ceba el mundo, es con ese tu destartalado cuerpo que no sabe protegerte”. Luego, deposito el corazón en una bandeja de plata, lo reparo con mis hilos invisibles y, como un pez, agonizante y desorientado, lo devuelvo enseguida a su habitad; lo dejo marchar.

Quizá ésta, mi faceta de cirujana novata, me sirva para que un día, sin saberlo, me tope con mi propio corazón, lo envuelva entre mis manos, lo coloque frente a mis ojos y lo desnude con los dedos limpios. Descubra, entre sus frustraciones y sus miedos, entre sus pliegues, un desgarro que supura o una herida infectada de tiempo. Y entonces, sin saberlo, sin saber que tengo entre mis manos mi propio corazón (todos se parecen) lo repare con mis hilos invisibles, me lo acerque a los labios y lo bese. Y luego, como un pez, agonizante y desorientado, lo devuelva a su sitio.






Con el tiempo, desde mi atalaya, en uno de esos días luminosos, tal vez me acuerde de ese pobre corazón que reparé; lo adivine pequeñito y grácil navegando bajo el mar. Y entonces, me llevaré a los labios una taza de café. Y al sonreír, descubriré que el océano, despiadado y enigmático, también tenía corazón.



9 comentarios:

M. dijo...

Pura poesía.
Un beso.

Paseo por las nubes dijo...

;))

Miguel Rojo dijo...

Tuve la oportunidad, hace años, de ver este cuadro en Málaga, y es sencillamente impresionante. Ahora no sé donde se encuentra pero merece la pena encontrarse ante él. Supongo que cuando terminen las obras del Museo de La Aduana podrá verse de nuevo. Volveré a hacerle una visita.

Mercedes Ridocci dijo...

Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí. Hoy, "trasteando" en mi blog me he topado con tu espacio. No puedes imaginarte lo mucho que me ha gustado esta entrada. Sigues siendo una gran escritora.
Copiaré y pegaré el enlace de este blog en los blogs que sigo, así no te me despistarás.

Desde el recuerdo te mando un abrazo muy fuerte.
Mercedes.

Paseo por las nubes dijo...

Hola, Miguel. Yo no he visto el cuadro, sólo tengo la lámina, pero sí, merecerá la pena verlo.
Un fuerte abrazo.

Mercedes, guapísima. No te preocupes por nada, ya sabes que este mundillo de los blogs es igual que el real, o nos vemos mucho o nos tiramos un tiempo sin encontrarnos. Lo importante es la amistad y el cariño que nos une; por mi parte, ya sabes que te tengo en gran estima y te admiro.
Un beso y gracias por tus palabras.

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ignacio Estévez Simonet dijo...

Muy bonitas esas palabras que dices sobre... un cuadro tan emblemático de mi bisabuelo. Graciassssss

Paseo por las nubes dijo...

Ignacio, vaya sorpresa. Es un honor para mí recibirte por estos lares. Muchas gracias por tus palabras. Tu bisiabuelo debió ser un hombre bastante interesante, no me queda la menor duda.
Vuelve cuando quieras.
Saludos.