El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

martes, 28 de febrero de 2012

Sin tocar el suelo


Hay personas a las que la existencia diaria se les queda pequeña a la hora de desplegar ese cúmulo de recursos que atesoran: me refiero a personas con una gran capacidad creativa, originalidad, dotes de comunicación y extrema eficiencia en casi todas las parcelas o proyectos que acometen. Suele ocurrir, a veces, que estas personas son calificadas de antisociales, raras, excéntricas, reservadas o antipáticas. Tremendo error al que enfrentarse, ya que en muchas ocasiones, ni siquiera ellas mismas son conscientes del motivo que les empuja a mostrar conductas que se alejan de la normal. Saben de su inconformismo, de su dificultad de adaptación, de su rechazo a la vacuidad; pero no entiende por qué.

Claro que, también existen personas antipáticas, excéntricas, antisociales… por naturaleza, por egoísmo o por cualquier otro motivo menos regio que el que nos ocupa; ésas no me interesan.

Recuerdo que, cuando estudiaba la campana de Gauss, en la asignatura Análisis de Datos en Psicología, todos los percentiles que se alejaran de la normal (tanto por exceso, como por defecto) se consideraban atípicos y, aunque estaban ahí, no se tenían en cuenta a la hora de confeccionar la estadística general o calcular los parámetros de población. Este “no tomar en cuenta” es lo que, posiblemente, termine de “estrangular” la potencialidad creativa de estas personas a las que, en estos momentos, y por desgracia, no hay quien les ayude a canalizar su privilegio; lo que nos llevaría a descubrir, con el tiempo, que pudimos toparnos con un nuevo Dalí, un Mozart, un van Gogh, un Spiderman o un gemelo de Paul Sastre (que en 1964 rechazó el Premio Nobel de Literatura para no «dejarse recuperar por el sistema») sin saberlo. Personas a las que, por ignorancia o desfachatez, ni siquiera valoramos en su momento; o lo que es peor, calificamos de raras.

Que los genios permanezcan en sus botellas, incomprendidos y aislados (por superinteligentes), y que el mundo se desvanezca a su alrededor en medio un tapiz de sueños que nadie ve; mientras ellos, los raros, los atípicos, aprenden solos a viajar al infinito sin tocar el suelo.

1 comentario:

Neogeminis dijo...

Mis dos hijas -sin dudas- estarían fuera de esa campana de gauss!

=)