El dios de las pequeñas cosas

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lunes, 21 de noviembre de 2011

El final de los cuentos

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El final de los cuentos...
(
Texto de: "El Mundo de Aroa -2")

La abuela siempre me cuenta historias de risa: como esa del pajarito que le daba miedo del agua y se metió en la piscina con los manguitos y el flotador. Ay, nos reímos mucho.

Anoche, le dije que yo le quería contar un cuento que me había inventado.

─Ah, qué divertido ─dijo ella.

Y empecé:

─Había una vez un pato al que se le había muerto toda su familia.

─Uf, ese cuento es muy triste ─contestó la abuela.

─ Espera, que no he terminado. El pato se encontró una flor a la que también se le había muerto toda su familia.

─ Pues, el cuento me sigue pareciendo triste.

─Tranquila, abuela, que ahora lo arreglo y se pone divertido. Escucha: El pato y la flor caminaban por el bosque y se encontraron a un león. Ay, qué susto, dijo la flor. Y el león abrió mucho la boca como si se los quisiera comer, pero no. Ahora viene lo mejor… ¿Sabes lo que tenía el león dentro de la boca?

─ ¿Qué?

─Una persiana, jajajajja.

─¿Una persiana? ─preguntó la abuela extrañada.

─Pues claro. Hay que inventarse algo de risa para que los cuentos tristes se vuelvan alegres. ¿A que te ha gustado?...

7 comentarios:

De cenizas dijo...

Y la abuela, a sus años, duda quién tiene demencia senil... :)

besos

Paseos por el alambre dijo...

jajjaja. Nada de eso. La abuela no tiene nada de eso que dices.

besos

tag dijo...

La niña lleva en sus genes la imaginación de su abuela.
¡Que encanto de criatura!

El dia que una nieta mia me cuente un cuento inventado por ella, me caera la baba, seguro.

Por cierto, eres tan modesta que no hablas de tu libro. Cuentanos como va, aunque seguro que viento en popa.

Un besito

Paseos por el alambre dijo...

Hola, Tere. Encantada de recibirte y gracias por los pirpos, je, je. Sigues siendo especial para mí (no olvidaré nunca lo bien que me cuidaste cuando estuve en tucasa de Valencia).
Con respecto a mis escritos, pues, te cuento. Estoy terminando el segundo libro de Aroa, del que suelo colgar cosillas por aquí. También he terminado una novela infantil que ya está en concurso. Y voy por el capítulo nueve de otra novela juvenil que tengo que terminar para mediados del año que viene.
Ah, se me olvidaba, me han pedido tres de mis relatos para hacer unos cortos de cine. Jope, ahora que lo estoy explicando, no me había dado cuenta de lo mucho que me cunde esto de escribir je, je.
Un abrazo enorme.

Marinel dijo...

Pues sí,en realidad es acertado poner un final feliz en los cuentos tristes.
Comparto su opinión.
Y lo de la persiana,quizá por lo surrealista,es divertido y rompe la tristeza inicial.
Besos.

Ave Mundi Luminar dijo...

Por eso tiene que haber gente que se dedique a contar historias, porque muchos de nosotros, hemos olvidado el arte del cambiar el sentido de las cosas para teñirlas de luz en el momento adecuado.

Paseos por el alambre dijo...

Cierto, Marinel, poner una persiana en la boca de un león, además es muy útil, se puede bajar si amenaza viento, lluvia o miedo.
Un abrazo.

Ave, pienso como tú, que hay que esforzarse en escribir historias con finales felices; aunque haya que sacárselos de la manga.
Un abrazo.