El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

domingo, 2 de enero de 2011

Next stop: Victoria Kent


Cuando tomo el tren de cercanías hasta Málaga, suelo recrearme en los nombres de las estaciones que anuncia el altavoz (también en inglés): Next stop: El Pinillo, Montemar, Torremolinos, La Colina, Los Álamos, Plaza Mayor, San Julián, Aeropuerto, Guadalhorce, Victoria Kent (Correspondencia Línea C-2), Málaga RENFE: María Zambrano (Correspondencia con trenes de Alta Velocidad y Media Distancia), Málaga Centro-Alameda (Final del trayecto).

A María Zambrano (de Vélez-Málaga) ya la tenía en mis circuitos cerebrales, como una de las más grande filósofas y ensayistas españolas del siglo XX; además de “Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades” 1981; y Doctora honoris causa por la Universidad de Málaga al año siguiente.
Sin embargo, ni idea de quién podía ser la tal “Victoria Kent”, con la que, no hace mucho, se bautizó una de las estaciones correspondientes a la barriada de San Andrés. Hoy, he buscado información sobre ella.
De aquí en adelante, cuando escuche su nombre por el altavoz, sonreiré, y si alguien me pregunta, ya tendremos temilla de conversación viajera.


VICTORIA KENT

En el paso del siglo XIX al XX, época en que nace Victoria Kent, la incorporación de la mujer al trabajo, a las tareas sociales en general, y a las esferas profesionales en particular es un hecho irreversible y en constante aunque lento aumento.
A principios de siglo, el porcentaje de la población activa femenina ya iba de un 38 % a un 24 % en los países más desarrollados. Claro que España no se contaba entre ellos.
A decir de los historiadores, España llega tarde a la Revolución Industrial y en 1930, la población femenina activa era de un 12,65 % del total de trabajadores, y sólo un 9,16 % del total de las mujeres españolas tenía un trabajo asalariado, mayoritariamente en el sector agrario.
En la Enseñanza Primaria la mitad de la población masculina y un poco menos de la población femenina estaba escolarizada.
A la Enseñanza Media (Bachillerato, Magisterio, Profesional) sólo llegaba de un 3,2 % de chicos en 1900 a un 4,7 % en 1930.
Y de un 0,3 % de chicas en 1900 se pasa a un 1,8 % en 1930.
A la Enseñanza Superior tenían acceso un 2,4 % (1.900) y un 3,5 % (1930) de los chicos. Entre las chicas sólo entraban en la Universidad de un 0,1 % a un 0,5 % ya en 1930.
En Madrid, por ejemplo, que superaba con creces la media nacional había:
una alumna universitaria en 1900
40 alumnas universitarias en 1910
249 alumnas universitarias en 1920

La jurista malagueña, nacida el 6 marzo de 1898, hace sus estudios elementales en casa con profesores particulares, después asiste a la Escuela Normal de Maestras y en 1917 se traslada a Madrid a estudiar el Bachillerato en el Instituto Cisneros. A su término entra en la Facultad de Derecho en 1920 donde cursa la carrera como alumna no oficial hasta su licenciatura en Junio de 1924.
Desde su llegada a Madrid se aloja en la Residencia Femenina de Estudiantes, que dirige Dña. María de Maeztu, y se paga sus estudios dando clases particulares y en el Instituto - Escuela de Enseñanza Secundaria (también bajo la dirección de María de Maeztu).
Entra a formar parte del Colegio de Abogados en enero de 1925, todo un logro en los tiempos que corrían, y aunque no parecía tener interés en ejercer su profesión ante los tribunales, ya el 1 de Mayo de ese mismo año se conoce su primera intervención como abogada defensora.
Sin embargo, es en 1930 cuando Dña. Victoria Kent sale en las páginas de los periódicos nacionales y extranjeros como protagonista de un hecho inaudito hasta entonces. Fue nombrada letrada de D. Álvaro de Albornoz, uno de los instigadores de la rebelión republicana de Jaca en diciembre de 1930, convirtiéndose así en la primera mujer que actuaba ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina en el mundo.
El éxito obtenido en este caso, pues logró la absolución de su defendido, le granjeó un gran prestigio en los primeros años de la República.
Como miembro del partido Radical Socialista, fue asignada candidata a las Cortes por Madrid, y resulta elegida diputada, junto con Clara Campoamor, de las Cortes Constituyentes de 1931.
Sus intervenciones en el Parlamento son escasas y, en especial, se le recuerda por su discurso en contra del voto femenino en igualdad de condiciones con el varón, siguiendo la disciplina del partido, y en la convicción de que el voto de la mujer en aquellos momentos sería mayoritariamente conservador, en detrimento de los partidos de izquierdas, a uno de los cuales ella pertenecía.
Paralelamente a su labor (no muy intensa) como parlamentaria y como miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, puesto que ocupa desde abril del 1931, lleva a cabo lo que ella misma califica como "la tarea más importante de mi vida".
Continuando con la labor emprendida por su predecesora, Dña. Concepción Arenal, en este cargo se dedicó de lleno a la gran reforma de las cárceles españolas, bajo el criterio de que las sociedades están obligadas a recuperar al delincuente como persona activa. Así, por ejemplo, estableció permisos para los presos, cerró 114 centros penitenciarios por estar en malas condiciones, creo la cárcel de mujeres de Las Ventas, eliminó el uso de los grilletes. Su labor fue, sin duda, de vital importancia para la evolución del sistema penitenciario en España.
Todas estas medidas le dieron a Victoria Kent una gran popularidad, a pesar de que no tenía un carácter agradable ni era especialmente locuaz. Era clara, tajante y decidida, de gran carácter y muy trabajadora.
En 1936, vuelve a salir elegida como diputada del Frente Popular, pero los días de ese Parlamento estaban contados.
Con la llegada de la guerra civil del 36, fue encargada por el Gobierno de la República de buscar asilo a los niños exiliados en Francia, desde su puesto de Primer Secretario de la Embajada de España en París.
Más tarde, ya en plena II Guerra Mundial, colabora en la salida de los refugiados españoles hacia América. Ella, paradójicamente, no puede huir, y permanecerá en París escondida durante los cuatro años de ocupación nazi. De este periodo de su vida nos habla en su libro: Mis cuatro años en París, (1948)
Al finalizar la guerra europea viaja a Méjico, donde es nombrada Directora de la Escuela de Capacitación para el Personal de Prisiones.
En 1950, se traslada a Nueva York. Allí entra a formar parte de la Sección de Defensa Social de las Naciones Unidas.
En 1954, funda la revista Ibérica, en la que publica las noticias llegadas desde España para los exiliados españoles en Estados Unidos.
Aunque viajó a España en 1977, volvió a Nueva York donde pasó el resto de sus días hasta su muerte en 1987.

1 comentario:

grizzly_030 dijo...

muy buen blog....me encanto^^(Y)