El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

sábado, 21 de agosto de 2010

¡Lo encontré!


¡Lo encontré!... Encontré al chico del que hablo en el post anterior. No sé cómo me acordé de él y lo incluí en el escrito. Luego, pensé... A ver, a ver... cómo va esto de internet... Añadí su nombre completo (todavía lo recuerdo) y... entonces... ¡Lo encontré! (bueno, lo que encontré fue esta foto; de lo que ha sido de él, no tengo ni idea..., tantísimos años..., ji, ji).
Qué gracia, teníamos quince añossssssssss (y sólo salimos un par de veces). Jajajajja.
Era guapo ¿eh?... Estudioso y formalito.
Lo que hace la tecnología, je, je. Lo encontré...
* * *
Ahora que nadie nos escucha, os contaré cómo fue...
¿Cómo fue?... Sí, lo recuerdo… Me acompañaba a casa. Yo estudiaba con las monjas. Él me esperaba en la puerta, con sus libros y sus quince años. Me regaló un anillo de hojalata precioso; lo fabricó con sus propias manos.Venía a mi barrio después de la merienda. Jugábamos a ´matar´ (ese juego de pelota donde apuntas con el balón a uno del equipo contrario, lanzas y, si le das, pasa a ser tu prisionero). Apareció otro chico. Otro chico que se había obsesionado conmigo. Yo no le hacía ni caso, pero él no cesaba en su empeño.
Un día, recuerdo que dejé a la pandilla en la calle y subí con mi amiga a la azotea de casa. Le estuve comentando que andaba hecha un lío: el chico del anillo de hojalata me gustaba; el otro se derretía por mí (y eso también me gustaba). Entonces, mi amiga me agarró del brazo y me llevó al borde de la terraza.
- Mira ahí, abajo (y sacó el dedo de señalar): ese está loco por ti. Y ese otro es tu alma gemela. Ahora, tú decides…
Me di la vuelta, escurrí la espalda en la pared y me senté en el suelo (yo tenía quince años).
-¿Ya? – preguntó mi amiga, después de un largo silencio.
-Sí.
Bajamos. La pandilla esperaba. Había que retomar el juego. Me tocaba formar equipo:
-Me llevo a Rosa, Carmen y José. También, a ´Margarito´ (que era un chico tímido y afeminado).
El turno de mi amiga:
-Elijo a Pedro, Ana, Manu y al Chiqui.
En el banquillo, los dos ´Romeos´… La suerte estaba echada…
Miré a ´la locura´; luego, a mi alma gemela. Volví a mirar a uno… al otro…; segundos densos en los que nos jugamos toda una vida (a los quince años).
Elegí ´la locura´.
Prudencio (el que decía mi amiga que era mi alma gemela) no volvió por el barrio; ni me esperó más a la salida del colegio. Tampoco pude conservar el anillo que me regaló. ´La locura´ dijo que tenía que tirarlo a la basura; y como antes no había contenedores, lo saqué del dedo y lo lancé a los jardines del paseo.
Aquella noche, recuerdo que lloré.

7 comentarios:

Neogeminis dijo...

jejejeeje...se ve que los recuerdos no quisieron darse por vencidos y allí apareció la punta del hilo que te guió hasta su foto!...qué magia esto de internet!...impensables puertas de acceso hasta nuestros propios pasados!

Un abrazo!
P.d
y sí, se lo ve buen mozo y formalito! jejejee

Mercedes Ridocci dijo...

He estado leyendo tus últimas entradas, y como siempre me sorprendes con tu fluidez, tu imaginación y tu ternura.
Enhorabuena.
Si que es bonito encontrarse con personas que tuvieron cierta importancia en nuestra vida. Si continuas buscando seguro que encuentras a Asia.
Un abrazo

Paseo por las nubes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paseo por las nubes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paseo por las nubes dijo...

He suprimido mis dos comentarios anteriores; se me habían duplicado solos.
Aquí va de nuevo.
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¿Cómo fue?... Sí, lo recuerdo… Me acompañaba a casa. Yo estudiaba en las monjas. Él me esperaba en la puerta, con sus libros y sus quince años. Me regaló un anillo de hojalata precioso; lo hizo con sus propias manos.
Venía a mi barrio después de la merienda. Jugábamos a matar (ese juego de equipos donde lanzas el balón contra los contrarios y al que le des, pasa a ser tu prisionero. Apareció otro chico. Otro chico que se había obsesionado conmigo. Yo no le hacía caso, pero él no cesaba en su empeño.
Un día, recuerdo que dejé a la pandilla en la calle y subí con una amiga a la azotea de casa. Le estuve comentando que andaba hecha un lío: el chico del anillo de hojalata me gustaba; el otro se derretía por mí (y eso también me gustaba). Entonces, mi amiga me agarró el brazo y me llevó al borde de la terraza.
- Mira hacia abajo (extendió el brazo y sacó el dedo de señalar). Él está loco por ti. Ahora, mira a ese otro lado. Él es tu alma gemela. Tú decides…
Me di la vuelta, escurrí la espalda en la pared y me senté en el suelo. No recuerdo cómo ni por qué tomé una decisión y no otra (yo tenía quince años).
-¿Ya decidiste? – preguntó ella, después de un largo silencio.
-Sí.
Bajamos. La pandilla esperaba. Había que retomar el juego. Me tocaba elegir equipo; la suerte estaba echada.
-Me llevo a Rosa, Carmen y José. También, a Margarito (que era un chico tímido y afeminado).
Ahora, le tocaba a mi contrincante en el juego elegir los miembros de su equipo.
-Elijo a Pedro, Ana, Manu y el Chiqui.
En el banquillo, los dos ´Romeos´… La suerte estaba echada…
Miré a la locura, luego a mi alma gemela. Volví a mirar a uno… al otro… Segundos densos en los que nos jugamos toda una vida (a los quince años).
Elegí la locura.

Prudencio (el que decía mi amiga que era mi alma gemela) no volvió por el barrio.
Tampoco pude conservar el anillo de hojalata que me regaló. La locura dijo que tenía que tirarlo a la basura. Y como antes no había contenedores, lo saqué del dedo y lo lancé a uno de los jardines que había cerca de casa. Aquella noche, recuerdo que lloré.

MentesSueltas dijo...

Hola, es un gusto recorrer tu espacio.


Dejo mi abrazo
MentesSueltas

Primavera en Otoño dijo...

Que bueno es esto de internet, que distes con el, y para colmo la foto, el primer amor siempre se recuerda.
Primavera