El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

jueves, 19 de agosto de 2010

Cuando nadie me ve...


He pintado el pasillo de casa: color, azul piscina. Lo he decorado sin cuadros, sin tornillos, sin alfombras ni brillos. Sólo azul; azul piscina (que es como un verde que quiere ser azul). Los colores que quieren ser otros colores tienen algo especial, porque sin llegar a ser ellos mismos, tampoco son otros; y eso les da un aire incierto, diferente, mágico; sobre todo cuando cambia la luz.

En agosto, a esa hora de la tarde en la que el calor adormece los cuerpos y se pudre todo aquello que no cabe en la nevera, atravieso mi pasillo luminoso sin tocar el suelo. Vuelo, floto, navego…, me subo al techo, me hago la muerta, revivo…, nado… De vez en cuando, asomo mi ojo telescópico y reviso el salón, la cocina, los dormitorios… Si oigo ruido, me pego a las paredes del pasillo y me camuflo de azul; azul piscina, que es como un verde que quiere ser azul. Entonces, ya no existo; o si existo, nadie me ve.
* * *
(No te pongo música porque al sumergirte en la piscina no se oye nada).

5 comentarios:

Celia dijo...

Tu toque entre infantil y triste, mientras navegas entre el azul de cielo y el verde de la esperanza, me ha tocado mi fibra sensible. ¡ya ves!, y a la vez, te imagino ese camaleón que cambia de color según le parece y entonces veo ese inganio tuyo que Dios te dió.
Un beso, lleno de verde asturiano.

Felisa Moreno dijo...

Cuando nadie me ve me sumerjo en tu blog y dejo que envuelva con sus palabras.
Besos.

Ave Mundi Luminar dijo...

Quizá el azul simplemente sea un verde más maduro. Quizá ese azul sea el resultado de la esperanza del verde moldeada por el tiempo, transformada en sosiego, aunque .. quien sabe... puede que el azul antes de completar su metamorfosis desde el verde, haya tenido que pasar por el rojo pasión, y toda la gama de tristes grises...

Quizá todo lo que existe en este mundo recorra su particular peregrinaje por la senda de los colores, partiendo del negro noche, hasta teminar siendo blanco imaculado, en el que solo permanece la esencia misma de lo que cada cosa 'es', sin interferencias, sin ruidos...

¿Ves Mercedes?. Esto es lo que pasa cuando uno abre la caja del ingenio, que luego llegan otros, como yo en este caso, y pretenden sin éxito seguir tirando de la hebra de plata que tan sutilmente eres capaz de dejar a las puertas de nuestra imaginación, con muchos de tus relatos. :)

Gracias.

Paseo por las nubes dijo...

Hola, Celia:
Tú lo has dicho, la vida va de toques: un poquito de dulce, un poquito de amargo... Y así, el paladar se acostumbra y te pueden invitar a cualquier sitio, que comes de todo...
Besos, guapa asturiana.

Hola, Felisa:
A mí también me gusta navegar por otros mares e impregnarme de su esencia. En el sueño de tus palabras se está de dulce.
Besotes a muchos metros de profundidad.

Hola, Ave:
Tirar de tus hilos plateados es fácil, porque los tienes a flor de piel. O sea, que el mérito, además de mío, es tuyo, por coleccionarlos.
Besotes (desde el negro noche al blanco inmaculado; pasando por las pecas y los lunares).

Neogeminis dijo...

Me gusta esta manera de camuflarte!
Saludos.