El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

viernes, 16 de julio de 2010

Taller de escritura


Hace ya días que terminamos el taller de escritura en la Biblioteca Municipal de Arroyo de la Miel. Como siempre, ha sido un lujo contar con la presencia de Ramón, el profesor, que se ha desplazado hasta estas tierras dos veces al mes para compartir con nosotros sus conocimientos y su compañía (ahora, le echo de menos).
Aquí os dejo una foto de la entrega de diplomas, y vuelvo a colgar mi trabajito de fin de curso (lo fragüé en la ducha y me lo llevé, todo enjabonado y tierno, recién nacido, a la sala de lectura de la Biblioteca donde, un ratito antes de que empezara la última clase, le di forma en el papel).
Me dijo Ramón que estaba muy bien, y yo pensé: Pues claro, o tú eres muy buen profesor o yo soy muy buena alumna... O las dos cosas.

Me voy a la playa, que hoy es fiesta aquí: La Virgen del Carmen (patrona de los marineros).

* * *

Lugares no comunes

Ya no lo soporto más...
Se han repartido el espacio y no sé dónde colocar mis cosas. En la nevera, si decido guardar mis hamburguesas en la parte superior, junto a los yogures desnatados de mamá, sus bandejas de verdura y sus tetrabrik de soja, papá dice que me he pasado al otro bando. Si las coloco abajo, entre las conservas, encurtidos y botellines de cerveza, mamá no me habla. Y digo yo, que esto es como atravesar la calle en mitad de un bombardeo: o te pegas a un lado o al otro, pero en medio, nunca.
La hora de usar el baño es otra historia, porque ahí ninguno de los dos me reclama. Mi padre dice que me vaya al de mamá, que lo dejo todo hecho un asco, y que él no tiene tiempo de andar limpiando. Y mamá, cuando me ve toalla al hombro, maquinilla de afeitar y periódico en mano, se coloca en jarra y argumenta, que habiendo dos baños en casa, mejor que los hombres se apañen juntos.
Claro que, es en el almuerzo donde peor lo paso. Mi padre duerme en el salón y, si quiero usar la mesa-comedor, tengo que pillar el autobús de las dos menos cinco; de lo contrario me encuentro el salón cerrado y un cartel: “No molestar, estoy durmiendo la siesta”. Y no entres, que te forma la de Dios. Y como yo no tengo un céntimo para comer fuera como hace mamá, pues eso… Que ya no aguanto más. Me acabo de zampar tres yogures, cuatro latas de berberechos, un bocadillo de chorizo, un kiwi y dos berenjenas con miel. Me bebí tres cervezas, el zumo de dos limones y un tetrabik de soja…, y me estoy sintiendo fatal. Ya que papá y mamá siempre andan discutiendo y todo lo quieren por separado, a ver, cuando lleguen a casa, lo que tardan en decidir cuál de los dos me lleva a urgencias.

5 comentarios:

XoseAntón dijo...

Existe, según tengo entendido, una tierra de nadie en los campos de batalla que separa a los dos bandos; un terreno neutral, que tampoco es muy aconsejable porque suele estar todo minado. :)))

Bikiños

Mercedes Ridocci dijo...

Simpático relato.
Me ha encantado.
Un abrazo

De cenizas dijo...

Bien... no está mal la estrategia.. jajaja A ver si se enteran....


besos

El Desván de la Memoria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Desván de la Memoria dijo...

Y yo lo sigo diciendo, que está muy bien.
Un abrazo,
Ramón

p.d.: el anterior comentario (suprimido) era este mismo, que me salió mal