El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

lunes, 6 de octubre de 2014

Lo mejor de lo peor




Durante mucho tiempo, temí que me dieran lo peor, por eso decía sí a lo que tendría que haber dicho no; me cargaba con tareas que los demás no querían, aguantaba la discriminación y, a veces, hasta tiraba la basura que el servicio de limpieza olvidaba en la puerta. Temiendo que me dieran lo peor, me mantenía disciplinada y obediente, encantadora y dispuesta, servicial y colaboradora…, en resumen, me desvivía por los demás.

A pesar de todo, un día, me dieron lo peor.

Al principio me pregunté por qué. Por qué esa injusticia, por qué yo, por qué… Enseguida me di cuenta de que la pregunta no era por qué (por qué ocurre esto o aquello), sino para qué; y la respuesta llegó.
Me dieron lo peor para que dejara de tener miedo a que me dieran lo peor.
Me dieron lo peor para que nunca más dijera , cuando tendría que haber dicho no,  por miedo a que me dieran lo peor.
Me dieron lo peor para que no cargara con las tareas que los demás no querían por miedo a que me dieran lo peor.
Me dieron lo peor para que pudiera expresar esto y todo lo que me parezca injusto, sin miedo a recibir por ello lo peor.
Me dieron lo peor para que descubriera que lo mejor siempre es aquello que me permite ser yo misma, decir lo que pienso, pasar de quien me dé la gana y ser libre, sin miedo a que, por ello, pudieran darme lo peor.

M.M. Alfaya


4 comentarios:

Rive Gauche dijo...

Preciosa esta entrada, es lo que decimos alguna vez, no esperes nada y lo que recibas te sorprenderá, o haz el bien y no mires a quien porque ya la vida te regalara algo. Estoy contigo en esta entrada. Un abrazo grande

Paseo por las nubes dijo...

Hola Rive. La verdad es que esta entrada esconde una reflexión muy positiva que has captado muy bien. Yo creo que en muchas parcelas de nuestra vida, sin querer o queriendo, estamos representando un papel continuamente por miedo a algo: a perder una amistad, a que te despidan del trabajo, a que te ignoren... Pero llega un momento en el que, a pesar de todo, ocurre lo peor. Y eso te hace libre, porque puedes ser tú misma ya sin ningún tipo de miedo. Lo peor es que hasta que no ocurre lo peor no nos damos cuenta de que hay que perder el miedo a ser, a decir, a sentir, a expresar, a pedir..., y a todo lo que nos conecte con nosotros mismos.
Muchos besos, Rive.

Mar Solana dijo...

Qué gusto pasar por aquí, Merce, y tomarme un Cafelito tan rico contigo. Es una reflexión muy certera, y lo mejor, con las palabras justas y muy bien hiladas. Quizás por miedo, como tú muy bien dices, vivimos enfrascados en el "qué dirán" y en "agradar", cuando la verdadera libertad es expresar nuestros sentimientos y nuestro pensar sin temor a nada. Leon Tolstoi decía: "A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa". Y yo añado: ni palabras afiladas como saetas lo tumban. Cuando tenemos nuestro "Centro" bien agarrado, jamás podrán darnos lo peor; porque lo peor es que los demás se lo crean;))

Muchos, muuuchos besotes, guapa!!

Paseo por las nubes dijo...

Hola, Mar:
El gusto es mío en recibirte. Eso de vivir en el qué dirán y en agradar hay que ir despejándolo. Cuando eres tú misma y te liberas de los miedos, desprendes un aroma y una luz que nadie se atreve a desafiar. Bueno, y si no la desprendes, al menos te sientes muy bien, je, je.
Y hablando de lo mejor..., me acaban de cambiar de puesto y ahora trabajo en la biblioteca. Empecé hoy. Imagina... como si me hubiera tocado la loteríaaaaaaaa. Je, je.

Besos rodeada de libros.