El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

domingo, 10 de junio de 2012

Kafka en la orilla

de Haruki Murakami **
Por: Mercedes Alfaya.
Me ha costado reseñar este libro, ya que no se parece a nada de lo que yo haya leído antes. De entrada, encuentro una historia en la que se ha pulverizado la línea entre realidad y ficción, de manera que todo lo que ocurra a partir de este momento, ni se cuestiona ni se explica.
La historia está basada en una tragedia griega, solo que, ahora, la maldición se cierne sobre un chico de 15 años: Kafka Tamura. El chaval no conoce a su madre, que lo abandonó cuando él tenía cuatro años llevándose también a su hermana. El niño quedó al cuidado del padre, un famoso escultor con el que el chico no se lleva bien y que termina lanzando esta maldición sobre su hijo: “Como Edipo, tú darás muerte a tu padre y te acostarás con tu madre y con tu hermana”. En su huida, el muchacho cree ver a su madre o a su hermana en todas las mujeres que conoce, algo que le angustia y al mismo tiempo le atrae. Muy conseguido el símil con la famosa tragedia griega; aunque, demasiadas masturbaciones para mi gusto.
Por otro lado, tenemos a Nakata, un aciano que de pequeño sufrió un extraño accidente que lo dejó sin memoria convirtiéndolo en un ser puro al margen de toda contaminación social. Por contra, ha desarrollado una capacidad instintiva y rara que le permite incluso hablar con los gatos.
Ésta es una historia de vidas rotas en el pasado cuyos protagonistas, a duras penas, se dirigen a su destino. Añadir que algunas descripciones me han parecido bastante crudas.
En cuanto al libro en conjunto, más de quinientas páginas amenizadas con la técnica de capítulos alternos en los que ambos personajes se mueven por su cuenta y donde les vamos acompañando por separado, como si fueran dos historias distintas que marchan en la misma dirección. Destacar que todos los personajes, tanto los principales como los secundarios,  habitan entre pasadizos oscuros y realidades paralelas donde, a veces, se encuentran, se tocan, se aproximan o se desvanecen, mientras la vida continúa en la superficie. Yo creo que Murakami, como un buen mago, además de mostrarnos la fuerza del destino, el heroísmo y la muerte —como final y principio, como apertura y cierre—, lo que pretende en este libro es arrastrarnos al otro lado del espejo, allí donde ficción y realidad ondulan por su cuenta y en perfecta armonía; como las agujas del reloj.
Si García Márquez nos sorprendió con su realismo mágico, Haruki Murakami da un paso más, se ayuda de una tragedia griega, coloca su maldición sobre los hombros de un chico de 15 años y le pasea incluso entre los muros del subconsciente, habitado por esperpentos y caricaturas que saltan a la palestra y le ayudan en su camino.
Con respecto a Edipo, la tragedia de Sófocles, encontré unas palabras de Nietzsche que podrían definir muy bien al protagonista, Kafka Tamura. Y que dicen: «Él es un héroe condenado a caer por haber intentado llegar demasiado lejos. Al transgredir la naturaleza y las normas sociales, y querer averiguar aquello que está prohibido, Edipo descubre un mundo que está vetado a la vista del resto de los mortales».


Haruki Murakami nació en Kyoto, aunque pasó la mayor parte de su juventud en Kōbe. Su novela Tokio blues arrasó en Japón, y otro de sus libros actuales 1Q84 (del que hasta el momento sólo disponemos de las dos terceras partes) se considera una novedad sin precedentes y su obra más ambiciosa. Destacar la influencia y admiración por algunos autores americanos a los que Murakami tradujo y que considera sus maestros, caso de F. Scott Fitzgerald (“El gran Gastby”), John Irving (“Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra”) o Raymond Carver (padre del llamado «realismo sucio» y autor de “Tres rosas amarillas”).

Escuchando al autor, quizá comprendamos mejor a sus personajes:
"Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido, reinventarme a mí mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto. Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales, y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas. Esa hambre y esa sed me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora. En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas, son lo que yo soy." (Fragmento de Haruki Murakami).
Por último, añadir que resulta extremadamente fácil dejarse llevar por la prosa de Murakami y adentrarnos en ese mundo de simbolismos mezclados de realidad del que, sin duda, saldremos transformados. ¿En qué sentido?... No lo sé. Pero enseguida aparece el viejo Nakata y nos lo aclara en uno de sus diálogos:
─Nakata no sabe la respuesta, porque Nakata es tonto y está vacío. Pero cuando aparezca la respuesta, Nakata sabrá que es ésa. Lo sabrá enseguida.
Murakami, con este libro, no solo nos cuenta una historia sorprendente, sino que nos ayuda a reflexionar sobre todo aquello para lo que a veces no encontramos explicación.

Alabado por la crítica, admirado por el público y cosechando todo tipo de premios, de Murakami se puede afirmar que estamos ante un nuevo premio Nobel (y si no, al tiempo).

3 comentarios:

Neogeminis dijo...

Por la trama que has descrito, parece ser sumamente interesante. La temática de la realidad que se funde con la ficción -y viceversa-es algo que particularmente me atrae. Por ser su autor japonés -y por lo que acotas- cabe suponer que maneja esa estética oriental (tan difícil, quizás, de digerir para los occidentales) sumamente cruda y desprovista de suavizantes que a veces nos produce rechazo. Por mi parte, tengo dos hijas amantes del manga y el animé japonés que más o menos me han acostumbrado a esa cuestión, por lo que creo imaginarme bien de qué se trata la obra.
Agendo el título del libro.
Gracias por al reseña tan completa e interesante.
Un abrazo

Gloria dijo...

Haces una sinopsis tan minuciosa y amena que dan ganas de salir corriendo a conseguir el libro y sobre todo leer de principio a fin la crítica, eso a mí me cuesta mucho, menos contigo.
Habrá que leerlo sobre todo por ese personaje sin memoria ni contaminación social.
Saludoss!!

Paseo por las nubes dijo...

Hola, Neo. La verdad es que leyendo,si no fuera por los nombres, ni te das cuenta de que los personajes son orientales; con la historia tampoco. No es la típica novela ambientada en Japón, es más, utiliza muchas referencias y de actualidad. Yo es que, este libro, me lo he bebido; así, tal cual. Si lo lees, ya me dices...
Un abrazo.

Gloria, muchas gracias por tus palabras. Ya te digo que me ha costado reseñarlo, aunque creo que, más o menos, en esencia, el libro va de eso.
Nakata es un personaje único. No quiero revelar nada por si lo lees, pero ya verás qué tipo más entrañable y raro, en el sentido de que es todo alma, aunque tiene unos poderes extraños que ni él conoce.
Cuéntame si lo lees, a ver qué te ha parecido.
Un abrazo.