El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

martes, 10 de abril de 2012

Pasión India


Yo pensaba que, en novela romántica, ya había leído las historias de amor más bonitas del mundo; y seguro que era así. Pero llega un día en el que, sin esperarlo, sin que yo lo buscara, ni siquiera sospechara que estaba ahí, va alguien y me coloca en las manos un libro. “Toma, es una historia verídica, ambientada en la España de Alfonso XIII".

Es la historia de una joven malagueña que bailaba en un tablao donde, aquel día, la descubre el rajá (un príncipe indio educado a la manera occidental, aunque manteniendo costumbres y tradición en su reino). El rajá se enamora perdidamente de ella y le pide su mano a los padres. La familia, de condición humilde, recibe innumerable regalos de parte del rajá y entiende que el príncipe lo que quiere es comprar a su hija para el ´jarén´ (como ellos dicen), de manera que se mantiene reacia. Hasta que el príncipe les invita a viajar a la India con su hija, para salvaguardar lo que ellos consideran la ´jonra´ hasta el momento de la boda. Anita Delgado, la joven andaluza, apenas sabe leer ni escribir, de manera que el rajá, antes de recibirla en su reino, la rodea de instructoras eficientes que la llevarán a París donde aprenderá el arte refinado de la ciudad del amor, le enseñarán modales y protocolo y la ayudarán en su camino. Anita, se restiste un poco al principio pensando, tal vez, que quién es ella para que un príncipe indio se enamore locamente de su insignificante persona, pero poco a poco, la honesta y delicada elegancia del rajá conseguirá que ella también se enamore con la misma fuerza que le dispensa el príncipe, cuyo ´jaren´ mantiene por tradición, pero en su corazón sólo está ella y por eso se ha hecho construir un palacio donde vivirán solos y juntos.

La narrativa es una delicia, porque consigue abstraer al lector y transportarlo en cada momento al sitio mismo donde ocurre la historia. De manera que, cuando me sumerjo en su lectura, veo París, al joven Picasso, a las damas de compañía de Anita y aprendo cómo se coloca el sari (túnica india). Escucho sus voces y aspiro sus aromas. Además estoy recordando mi francés del instituto: ´mon cheri, j´attends un enfant´.

Los adjetivos que utiliza el narrador son perfectos, porque sin abusar de ellos consigue mantenerlos a la altura de la grandiosidad de la India en su aspecto de lujo y grandes palacios; para una historia más sencilla, nos serviría cualquier adjetivo, para una historia como esta, hay que currárselo un poco más...

Me he quedado en la primera parte, con Anita ya casada con el rajá y donde él acaba de presentarle al resto de sus esposas que la miran con admiración; una hay, sin embargo, que no parece aceptar del todo que Anita venga a ocupar semejante privilegio con el rajá y creo que será la mala de la historia (que nunca faltan)

Lo siento por las noticias, pero ahora mismo no me interesa nada de lo que ocurra en el mundo. Ainsssssssssss, cómo me gustan las historias de amor, magia y ensueño.

Sigo leyendo...

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