El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

sábado, 23 de abril de 2011

¿Por qué?





Me ha sorprendido mucho una escena que acabo de ver en un lugar cercano a un parque público. Resulta que un señor con chaleco refractante y una libretilla de tiques va organizando a los usuarios que aparcan su coche en las inmediaciones. Luego, se acerca y les entrega la papeleta de pago. La gente se queda un poco mosca, como diciendo: “¿Qué es esto? No es zona azul, ni existe indicador de vigilancia”. Sin embargo, como la gente es prudente (y de eso se aprovechan muchos espabilados), pues le entregan el euro que indica el tique, y punto.
Una señora le pregunta al “gorrilla” por qué tiene que pagar 1 euro por dejar su coche en un lugar público donde nada indica que haya que pagar, además de que el tipo no lleva ninguna acreditación que avale su actividad. El hombre se indigna y le dice que él se está ganando la vida de esa forma, y que tiene un permiso del ayuntamiento. “¿Me lo puede mostrar, por favor? –le pide la señora. Al parecer, el permiso sí que existe, lo que ocurre es que no está muy claro. Ahí dice (lo he visto yo también) que puede controlar y organizar aparcamientos (no indica cuáles), y va sellado. Pero no dice nada de que tenga que cobrar por ello; y si tuviera que hacerlo, que se avise en algún sitio de la calle (digo yo). Ahora, veamos la papeleta: ¿Qué es esto? Incluye una especie de publicidad y, debajo, el precio: 1 euro. Jope, qué morro… Y encima, el tío te informa de que lo único que acepta son propinas, si se la quieren dar. Pues, oiga, ahórrese la papeleta, que eso ya compromete lo suyo.


Y ahora yo me pregunto ¿sabe el ayuntamiento que este hombre les está cobrando una cantidad fija a los turistas que aparcan ahí sus vehículos? Porque, si lo que se pretende es que, a cambio de prestar un servicio -que no sé yo si el usuario lo necesita, porque los aparcamientos están bien delimitados- el hombre reciba unas monedas, me parece bien: que la suelte quien quiera. Pero, además, me preocupa algo: Estamos en la Costa del Sol y habrá que preguntarse, ¿hasta qué punto estamos dando una mala imagen al turista con estas cosas tan poco claras? Además, ¿qué se supone que cubre el euro? ¿La vigilancia del coche?... Je, je... Habría que probar… ¿O es que sólo pago el euro para que el señor me diga “aparque aquí”; que es el sitio donde yo iba a aparcar porque no había otro?
En fin, que si el aparcamiento está vigilado que lo diga en algún sitio; y que la gente, como este tipo, se gane la vida sin utilizar a nadie.



Yo, de aquí en adelante (como la señora) no es que vaya por el mundo con la escopeta cargada, pero lo que no voy es a poner cara de tonta y dejarme llevar por inercia, al menos cuando algo no me quede claro. Y desde luego, no voy a dudar a la hora de utilizar mis "¿por qués?"

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