El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

sábado, 15 de enero de 2011

Los buenos enemigos los eliges tú


Enemigos se pueden tener muchos: solapados, escondidos, de esos que te saludan con una palmadita en el hombro a lo fino…, pero que al volver la esquina te ningunean sin demasiadas consecuencias y luego se olvidan de ti. Esos no sirven, no valen; no son rentables; son pocos y cobardes.
Los buenos enemigos, los que merecen la pena, los tienes que elegir tú. Sí, tú. Por ejemplo, llevas tiempo endemoniado con alguien, alguien de quien no te acabas de fiar, de esos que hoy te dan fresitas y mañana limones; de los que te hacen dudar si no eres tú el retorcido, el malintencionado, el que quiere ver donde no hay… Y un día vas y te enteras (porque te enteras) de que te la está jugando de forma mezquina y ruin. Y que, además, ya ni siquiera da la cara. ¿Cómo se te queda el cuerpo? Pues chungo, lo sé. Entonces, lo primero que tienes que hacer es escupir saliva entre los dientes y, luego, explotar: “Me tienes hasta los cojones”. Y vas y le lanzas una bola gorda, gordísima, de esas que no se preste a equívocos; una bola de las que lo encoja, lo arrugue, lo desencaje, lo saque de sus casillas. Que sepa que no le tienes miedo, que ahora eres tú quien lleva las riendas. Lo esperas en la puerta, porque a los buenos enemigos se les espera en la puerta, y cuando te asegures de que le hizo pupa el dardo (como a ti te hicieron pupa los suyos), se puede dar por inaugurada la guerra: "Alea iacta est". Y en la guerra vale todo; todo menos echarse atrás, pedir disculpas o explicaciones. Y cuando tu enemigo sea lo suficientemente bueno como para obligarte a entrenar más, a buscar nuevas armas de combate, a mantenerte en forma, limpiar el fusil y engrasar los guantes, todo irá sobre ruedas. Ahora ya sabes con quién te las gastas, pero, sobre todo, y por encima de todo, que a él también le quede claro quién eres tú.
Y si ves que tu enemigo es tan hábil como para vencerte, procura ignorarlo; y si no puedes, que no te afecte; y si te afecta, que no se note.

8 comentarios:

De cenizas dijo...

Es más importante tener cerca a los enemigos que a los amigos. Es mejor vigilar los movimientos de los que te quieren procurar males.
Amigos, pocos... el resto...¡la selva!



besos

MAR SOLANA dijo...

Un día, descubrí estas sencillas frases de OSHO e hice un alto en el camino de la "guerra" (de dobles, egos, etc.):

"Cuánto más libres seamos de los demás, más seremos nosotros mismos, pues los otros no son más que un fiel espejo de nuestras propias mentiras."

"No importa que te amen o te critiquen, te respeten, te honren o te difamen, te coronen o te crucifiquen; porque la mayor bendición que hay en la existencia es SER TÚ MISMO".
Osho

Creo que ese mismo día, descubrí que nuestro mayor enemigo está siempre dentro de nosotros y es con el que más vamos a aprender...

Un fuerte abrazo, guerrera de la Luz.

Natàlia Tàrraco dijo...

Al enemigo/a...puente de plata y a ver pasar su cadáver ante mi puerta.
NI CASOOOOOOO.
A veces el bosque de enemigos no nos permiten ver al amigo que tenemos de frente, ese o esa valen, no abundan pero valen más que todo lo demás "pelillos a la mar" añado besitooos.

Paseo por las nubes y por el alambre dijo...

Comulgo con lo que dices, De cenizas.
Besikos de amigos.

Mar, me gusta eso de ser libre para ser uno mismo. Me lo pido.
Besos, mil, guapetona.

Natali, puente de plata y de oro si hace falta. Pero que conste que mis mejores enemigos los he elegido yo; bien porque ya me tenían hasta el moño o porque ya no quiero ser su amiga, entonces, hay que cortar por lo sano, y como soy generosa, dejo que sean ellos los que suelten cable (una, que ya sólo aguanta lo que no tiene más remedio, lo demás..., pelillos a la mar, je, je).

besos, salve.

Paseo por las nubes y por el alambre dijo...

Por cierto, Mar, que me olvidaba, me copio todas esas frases que me has dejado en el blog, me parecen geniales, gracias.

maria jose moreno dijo...

Ufffffffffff...que mal rollo esto de los amigos que se convierten en enemigos, porque tu mente se llena de fantasmas que por supuesto hay que echar fuera,con puente o con lo que sea, pero Mar lleva razón el peor es el que llevamos dentro. Bueno ya está, que ya sabes donde me tienes si quieres que arrechuche un poco.
Besos

Mar dijo...

Como te dice Mar, y de otra Mar, yo también creo que el peor enemigo lo llevamos dentro.
Esta frase me ayuda mucho, cuando últimamente me hacen daño, aunque no sé bien por qué, porque a veces me parece entenderla y, otras, no:
"No tienes para hacerme daño la mitad del poder que yo tengo para sentirlo" (Shakespeare).
No te hagas mala sangre. No es bueno para tu salud tener enemigos. Mejor, ignóralos.
Un abrazo

Paseo por las nubes y por el alambre dijo...

Hola, María José. Mar. Bueno, enemigos yo creo que no tengo (al menos, yo no los conozco). Lo que sí es verdad, es que hay alguna gente con la que no me hablo, bien porque no se han portado conmigo como debieran o porque me han causado algún mal que no merezco. Yo no sirvo para llevar relaciones en las que me sienta incómoda, por eso, prefiero sacar a esta gente de mi vida; ya está.
Con respecto al escrito, sólo es eso, un escrito. De todas formas, muchísimas gracias por vuestras indicaciones. Las tendré muy en cuenta.

Besos de amigas.