El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

miércoles, 27 de octubre de 2010

El carro freudiano


Yo no sé tú, pero a mí esto de controlar el carro freudiano me resulta super complicado. Porque, a ver… ¿Cómo se puede andar todo el día escuchando a estos dos tiranos que no se ponen de acuerdo?
El uno: Díselo, tonta, no te cortes. Que sepa lo que vale un peine. ¿Qué se ha creído…? Y si se pone tonto le arreas con la goma del butano entre las piernas.
El otro: No, no, por Dios; por la Virgen y por todos los Santos. Sé prudente, hija. Comprende a las personas y no hagas nada de lo que luego puedas arrepentirte. Perdona y olvida, como te enseñaron tus mayores.

Y aquí una, de esquina en esquina, con el flequillo de punta y las botas a medio calzar.
¿Quién le mandaría a Freud descubrir al tripartito ese que llevamos dentro?
Pero vamos, que esto lo arreglo yo del tirón:
-Tú. Sí, sí. No disimules. El que se pasa todo el día descosiendo mis instintos primitivos y salvajes. ¡Al suelo!... Que te bajes del carro ahora mismo, tío. Que no te llevo más conmigo a ninguna parte.
Ahí lo dejo, en mitad ´elcampo´ que arree con las cabras. ¿Será ca-brero…?

-Ahora tú. Venga, fuera de mi carro. Que estoy hasta el moño de que me apuntales el escote. Que los botones están para desabrocharlos, pedazo mojigato. Que una ya perdió el escapulario hace tiempo para que andes todo el día picoteándome las sienes: que si eso no se hace; que si hay que ver cómo le hablaste a fulanita; que si las bragas no se tienden de día; que el chocolate engorda…; que por aquí no, que por allí sí... ¡Anda y vete a pegarle tiros a una lata!…

Ea, pues acabo de desmontarle el ´puzzle´ a Freud. Con lo que tuvo que costarle al pobre que el Ello, el Yo y el Superyo se pusieran de acuerdo…
Que no, que no… Que no quiero tanto plasta a mi alrededor... Ni tú ni tú. Que el carro es mío y lo llevo "Yo".

5 comentarios:

alfredo dijo...

Como me gusta como cuentas.
Cuando se hace como lo haces tú, contenido y continente van de la mano en interés y amenidad.
Todo un lujo de divertimento, del que uno no puede al menos que sentir cierta envidia.

Abrazos

Mercedes Ridocci dijo...

BUENÍSIMO. Así se habla, sin palabrería que no entiende ni dios, traducido al lenguaje cotidiano como tu solo lo sabes hacer.

Un abrazo

Neogeminis dijo...

jajajaja estupendo estilo para mostrar los tiras y aflojas de nuestras pobres identidades deseosas y condicionadas!
Me encantó leerte.

un abrazo!

Manuel de Mágina dijo...

Te diría un ¡olé!, pero a esta altura de mi vida hasta eso me parece machista. Me quitaré el sombrero, mejor, en honor a lo que dices y, también, a cómo lo dices, con esa determinación y coraje. Con esas ganas que pareces tener, ¡de una puta vez! de ser tú misma, de quedarte con tu yo puro, sin excluir a nadie, pero sin que nadie, ni nada, excluya nada de ti.

Un abrazo.

Paseo por las nubes dijo...

Bueno, bueno... Si algo merece la pena de estos escritos es contar con una audiencia tan exquisita como vosotros. Tengo ahora mismo en mi blog parte de la flor y nata bloguera y esto es el mayor lujo al que se puede aspirar.

Besos, Alfredo. Tú, que me lees con buenos ojos.

Besos, Mercedes. Ahora que estudio la motivación te nombro reina y señora de la asignatura.

Besos, Neo. Tú siempre tan cariñosa y amable regalando piropos y palabras.

Besos, Manuel. me quedo con el olé, porque es una de la mejores expresiones de estas tierras andaluzas. Y gracias por desatarte tú también. Ea, maestro, ahí vamos.