El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

viernes, 6 de agosto de 2010

Mi carta...


Hoy, por esas casualidades de la vida, mientras paseaba, me encontré con un escritor que conozco, y estuvimos hablando de este mundillo tan raro de las letras. En fin, que compartimos nuestros proyectos y andanzas; él ganó el "Vigía de la Costa" (que es un premio muy importante aquí, en la costa del sol) con su magnífico relato: "La carta". Yo le hablé de otra carta, mi "Carta de Dulcinea a don Quijote"; (y me pidió que se la mandara).

Por lo general, yo no suelo hablar mucho de mis premios (total ¿a quién le interesa eso?), sin embargo, estoy muy orgullosa de este y aquí lo comparto.
Un abrazo.

Carta de Dulcinea a don Quijote (1º premio 2006, Alcazar de San Juan)

El Toboso, 12 de junio de 1606

Mi querido y "casto" Don Quijote:
Es grata la gentileza de vuesa merced al bautizarme con aquesta "Dulzura" y concederme la eternidad como dueña y señora de vuesos sospiros.
De mí dijisteis que cualquier rayo que del sol de mi belleza llegare a vos, alumbraría vuestro entendimiento y fortalecería vuestro corazón, de modo que quedara único y sin igual en la discreción y en la valentía.
También dijisteis que tengo fama de hermosa, y que ninguna cosa desta vida hace más valientes a los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas.
Pues bien, mi emboscado caballero, destas y otras andanzas que turbaron vuestra cabeza hasta convertiros en leyenda, sólo me llegaron palabras ilustradas que no soltaron caldo ni sustancia a la que arrimar mis labios y pujar la panza, ni otra pretensión por vuestra parte que la de utilizarme como escapulario en el pecho mientras yo me batía indefensa contra las verdaderas aspas de aquestos infiernos de los que nunca vinisteis a rescatarme. Vivisteis embaucado en el atino de codiciadas glorias y en la resuelta de otras damas, menos pacientes y más astutas que yo en la demanda de favores, como la llamada Dorotea a la que disteis en su momento cumplida cortesía y concedisteis audiencia, remediando sus males y desdichas mientras os negabais a visitarme con palabrerías y excusas tales como el no haber fecho fazañas dignas de mi gracia.
Por vos aprendí a leer y escribir, a fin de apreciar de vuestro puño y letra palabras que acariciaran mi corazón y refinaran mi entendimiento.

Por vos, seguí una dieta de adelgazamiento consistente en no probar bocado alguno hasta recibir noticias de vuesa merced, que de no ser porque caí en razón de que el resplandor de los caminos os cegaría la frente, me habría quedado más seca que el esparto.

Y, por vos, cumplieron mis ojos con los amaneceres de cada día esperando vuesa visita hasta caer rendidos en la noche escura de la distancia.

Agora a este punto me ha venido a la memoria que a mí tampoco me importa el verme puesta en libros y andar por este mundo de mano en mano, ni que digan de mí todo lo que quisieren, al confesaros en esta carta que mi pretensión iba más allá de haber compartido con vos unas páginas de épica insufrible que me llevará a la tumba con la pureza intacta.

Perdonad si me tomo la licencia
De abusar de mi orgullo despechado
En olvido de hazañas que han costado
De vuestro enfrento incluso la demencia.
Pues en esto tenéis mi reverencia
Y aqueste corazón hipnotizado
Que no por atropello descuidado
Me olvido de cumplida diligencia.
Aquí os remito, noble caballero,
la letra de mis noches malvenidas,
y soneto rimado y bien cumplido.
Que por vos embauqué en gastar dinero
refinando mis carencias desmedidas
con letrados remedios sin sentido.

Agradecida de haberos convertido en el más casto engaño de los caballeros andantes, se despide de vuestro injusto silencio.

Nunca vuestra,
Aldonza Lorenzo.

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