El dios de las pequeñas cosas

El dios de las pequeñas cosas

miércoles, 28 de julio de 2010

Taller de reparaciones

Dice mi peluquera, que a ella no le importa pero, que no comprende por qué la gente deja su cabeza en manos de cualquiera y, luego, toca a los profesionales del gremio reparar el cabello que otros estropean. Y digo yo, que somos así de irresponsables: “¿Mi vecina me tiñe a cualquier hora y por dos euros?, pues venga…” Y pasa lo que pasa… Que, al poco tiempo, empieza el pelo a languidecer y no hay peine, champú ni peluquín que lo arregle. Y eso que ya lo dice el refrán: “Todo necio confunde valor y precio”.
-Anda, pasa al lavacabezas, a ver qué se puede hacer con esos mortecinos y debilitados pelos que te han dejado…

4 comentarios:

Neogeminis dijo...

Tal cual!...y viendo al foto, he recordado una oportunidad cuando tenia yo unos 15 años y en la playa, junto con mi prima, nos lo pasábamos constantemente. Una tarde de mucho calor se aproximaba una tormenta y nosotras, meta que dale al peine...cuando de repente cada una vio que el los pelos de la otra se iban elevando como antenas erizadas! ajajaja...la estática del aire por la proximidad de la tormenta comenzó a hacer que nuestras mechas mojadas y peinadas se pararan como las de la foto! ajajajaja fue muy divertido!

Un abrazo!

De cenizas dijo...

Y pasa con la medicina, la estética, los talleres de coches.... ¡y la política y la economía! pero en esta última pagamos los errores de algunos sólo los de siempre.


besos

Ardilla Roja dijo...

Los pelos, aunque alguien te pegue un trasquilón, aparte del disgusto inicial en poco tiempo tienen arreglo. Incluso después de la muerte siguen creciendo. Lo peor es abrirle el corazón a cualquiera, si te destroza las paredes o los compartimentos de las emociones estás perdido. No hay mascarilla reparadora, ni profesional que lo arregleeee.

Un beso

Vivi dijo...

Que caro se paga el menor precio uando el saber por precio es menos!!!! a reparar cabellos!!!!